Un programa de radio para reivindicar la cultura de base como espacio de encuentro, participación y transformación social
La cultura también se construye desde abajo. Desde las asociaciones que mantienen abiertos espacios de encuentro, las salas que programan conciertos lejos de los grandes circuitos, los colectivos que organizan actividades en los pueblos y las personas que dedican su tiempo a generar comunidad. Con esa idea, El Faradio trasladó su actividad a la Asociación Cultural Octubre de Torrelavega, que acogió un programa de radio en directo, el pasado 17 de octubre, con entrevistas, música y una reivindicación compartida de la cultura como herramienta de participación y transformación social.
La elección del espacio no fue casual. Octubre lleva catorce años desarrollando una programación que combina música, pensamiento crítico, actividades sociales y propuestas culturales de diferentes disciplinas. Un lugar que, durante el programa, fue definido también como una casa, por su capacidad para generar vínculos y acoger iniciativas muy diversas. Desde conciertos de reggae hasta actuaciones de artistas internacionales como Manu Chao, pasando por actividades para abordar las fronteras, las desigualdades y la represión.
La jornada sirvió también para poner nombre a una parte de esa red cultural y asociativa que sostiene la vida colectiva en Cantabria. Entre los proyectos mencionados estuvo el Centro Social Smolny, de Santander, que ha tenido que trasladarse al barrio de Castilla-Hermida después de que el inmueble que ocupaba se destinase a alojamientos turísticos. El colectivo trabaja en la construcción de espacios comunitarios y en la generación de actividad de barrio.
También se destacó la trayectoria de Eureka, un espacio santanderino que, nacido con vocación de acercar Europa a la ciudad, ha desarrollado una programación cultural que incluye música electrónica, encuentros, lecturas y actividades de otras asociaciones. En Unquera, Los Bancos de Atrás demuestra que la actividad cultural también puede desarrollarse fuera de los principales núcleos urbanos, con conciertos de bandas procedentes de distintos países.
La relación de iniciativas incluyó el Espacio Jándala, en Pedreña, que combina hostelería con conciertos, mercadillos y charlas; La Teatrería de Ábrego, en Oruña, con ciclos teatrales como ‘Mujeres que cuentan’ y propuestas de pequeño formato; y Cabezón por Gaza, que ha organizado festivales solidarios y mantiene concentraciones semanales de apoyo a la población palestina.
El programa también puso el foco en la Asociación Cultural Barecenillas, en Ruente, impulsora de un Agro Orgullo rural para reivindicar la diversidad LGTBI (lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales) en el medio rural; La Central de Navajeda, un bar que ha recuperado su dimensión de espacio de encuentro mediante una programación cultural propia; y las iniciativas de la Universidad de la Calle, en Ríotuerto, que promueven actividades y aprendizajes compartidos entre vecinos sin necesidad de desplazarse a las ciudades.
A ellas se sumaron la Asociación de Mujeres TEDA, de Campoo, que ha trabajado en proyectos de memoria y recuperación de testimonios de mujeres de la zona; La Llave Azul, dedicada a acercar a Santander cine que habitualmente queda fuera de los circuitos comerciales; el Espacio Creativo José Manuel Illera, en Torrelavega, y el programa radiofónico Noche de Rock, que acaba de cumplir 30 años. También se recordó la actividad de las coordinadoras de pensionistas, presentes cada semana en distintos municipios para defender los derechos sociales.
La primera entrevista tuvo como protagonista al periodista Nando Cruz, autor de ‘Macrofestivales’ y ‘Microfestivales’. En conversación con El Faradio, explicó las diferencias entre ambos modelos y cuestionó el impacto de los grandes eventos musicales sobre el tejido cultural.
Cruz señaló que los macrofestivales funcionan con una lógica de atracción de público, muchas veces procedente de fuera del territorio donde se celebran, mientras que los microfestivales parten de una relación más directa con la comunidad. Su objetivo, explicó, es enriquecer la vida de las personas que viven alrededor y desarrollar propuestas que encajen en el entorno.
El periodista también abordó la absorción de recursos que generan los grandes eventos, tanto económicos como profesionales y artísticos. Advirtió de que concentran grupos, trabajadores y públicos que podrían alimentar otros circuitos culturales, mientras las salas y los espacios pequeños encuentran cada vez más dificultades para mantenerse.
Como alternativa, defendió que las administraciones destinen recursos públicos al fortalecimiento de salas, asociaciones y proyectos culturales estables. También apeló a la responsabilidad del público a la hora de apoyar los espacios en los que confía, frente a un modelo basado principalmente en el consumo.
La segunda conversación fue con Ángeles Cabria, integrante de Pasaje Seguro, un colectivo ciudadano que cumplió hace poco diez años de actividad en defensa de los derechos de las personas migrantes. Nació en 2015, durante el desplazamiento masivo de población siria provocado por la guerra y la represión del régimen de Bashar al Asad, ante la respuesta de una Europa cada vez más cerrada a la acogida.
Cabria recordó que uno de los principios del colectivo es que «ningún ser humano es ilegal» y repasó algunas de sus principales movilizaciones. Entre ellas, la campaña contra el transporte de armas a través del puerto de Santander por parte de la naviera saudí Bahri, cuyos barcos trasladaban armamento destinado a Arabia Saudí en el contexto de la guerra de Yemen.
La movilización, que contó con la colaboración de organizaciones como Amnistía Internacional, incluyó concentraciones y una recogida de más de 19.000 firmas. La presión social contribuyó a que uno de los barcos abandonase Santander sin completar la operación.
También recordó la campaña contra las concertinas instaladas en el puerto santanderino para impedir que personas migrantes accediesen a las instalaciones con la intención de viajar al Reino Unido. El colectivo denunció la criminalización de estas personas y promovió otra recogida de firmas que alcanzó las 43.000 adhesiones. Cabria señaló que, pese a que se han retirado algunos tramos, todavía permanecen concertinas en la zona de Antonio López y que sigue reclamando su eliminación completa.
Además, reivindicó la participación de Pasaje Seguro en las movilizaciones por la regularización administrativa de personas migrantes, un proceso en el que participaron numerosos colectivos de todo el Estado.
La última entrevista conectó Cantabria con el Teatro del Barrio de Madrid a través de Ana Belén Santiago. La actriz y gestora cultural explicó cómo llegó al teatro después de marcharse a Madrid con la intención inicial de ser corresponsal de guerra y cómo encontró en la escena un espacio desde el que trabajar políticamente mediante la ficción y la creación colectiva.
Santiago definió el Teatro del Barrio, situado en Lavapiés, como un centro cultural conectado con su entorno y abierto a las necesidades de la comunidad. Su planteamiento pasa por ser un espacio de encuentro, acogida y apoyo a las iniciativas sociales, más allá de la programación escénica.
En este sentido, abordó la diversidad de Lavapiés y las amenazas que afronta por la gentrificación, la presión inmobiliaria y la transformación del barrio en un espacio atractivo para la inversión turística. Frente a ello, reivindicó la importancia de las redes vecinales y de los lugares que permiten mantener vínculos comunitarios.
La conversación también permitió conocer ‘Libres’, un espectáculo sobre la historia del anarquismo en España y el papel de las mujeres en ese movimiento, protagonizado por Alba Flores y dirigido por Andrés Lima, con texto de Esther Carro. Santiago explicó la intención de llevar la obra a espacios culturales más pequeños, reinvirtiendo parte de los beneficios obtenidos en lugares con mayor capacidad económica.
También habló de ‘Chistes contra Franco’, una propuesta impulsada junto a Darío Adanti y Eugenio Medina para abordar la censura y el papel del humor durante la dictadura franquista.
El programa contó, además, con las actuaciones musicales de Javi Lost y Gema Martínez, integrante de La Mala Hierba, que interpretaron canciones en directo a lo largo de la emisión. Ambos artistas alternaron sus composiciones, entre ellas ‘Será que te asusta’, ‘No vuelve’, ‘Vila en las golondrinas’ y ‘Bandada’, esta última dedicada a la Asociación Cultural Octubre y a las personas que mantienen vivos estos espacios colectivos.
La música acompañó así una jornada en la que la cultura de base, el compromiso social y la creación compartida ocuparon el centro de la conversación.
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