OPINIÓN

Sin vecinas no hay territorio

Por el Sindicato de Vivienda de Cantaria
Tiempo de lectura: 4 min

Para poder vender una barra de pan, hace falta una vecina que la compre o unos mozucos del barrio que quieran merendar un bocadillo a media tarde. Para poner un mediano, una media o un cocido, tiene que haber vecinas y currelas que vayan a pedirlo. Para darle salida al embutido, al pescao, al queso, a la leche, a la verdura… es preciso que haya una vecindad que haga vida cotidiana cerca y se abastezca en el barrio o el pueblo. Para poder arreglar una caldera, cambiar un armario, remendar una blusa, envolver un regalo, prestar un libro… tiene que haber personas que no estén de paso, vecinos que hagan, remienden, lean, construyan, transiten su vida cerca.

Para que haya vecinas que compren, mozucos del barrio que merienden, currelas que tomen el café de la mañana y el cocido del mediodía, vecindad que haga vida cotidiana en el barrio o en el pueblo… hace falta que el acceso a la vivienda esté garantizado. Que todo el mundo tenga, dicho mal y pronto, dónde caerse muerto. Un lugar para establecerse, un lugar digno en el que cuidar a la familia, en el que existir en paz. La casa, el hogar, es lo que da estructura a nuestras vidas y nos permite proyectar nuestros días allí de donde somos, allí donde estamos, allí donde queremos vivir.

Para que todas las personas que viven y quieren vivir en Cantabria puedan acceder a tener un techo digno donde hacer la vida, hacen falta políticas públicas que protejan la vivienda como un derecho básico en vez de dejar que se convierta en una mera posibilidad de hacer negocio. Y eso no está sucediendo. Ni desde hace 8 años, ni desde hace 20, ni desde hace 40. Cada día más personas están agotadas de buscar alternativas y no encontrarlas. Quizá tú, o alguien de tu familia, seas una de esas miles y miles de personas que acarrean un dolor de cabeza insoportable porque el sueldo no te llega para el alquiler, porque estás asfixiado con la hipoteca, porque no puedes pagarle una habitación a tu hija que está estudiando, porque aunque curras a diario no llegas.

Quizá tú, o alguien cercano a ti, también sientes que el tejido social de tu barrio o de tu pueblo se está deteriorando a pasos gigantes, que ya ni las calles te parecen las mismas… porque no lo son. Que ya ha cerrado la última carnicería que tenías cerca y tú estás siempre al borde de cerrar tu mercería, que solo puedes comprar el pan o la ropa en una gran superficie, que en vez de vecinas, en la hora del café solo ves a tu alrededor turistas. Quizá seas una de ellas o quizá no y también estás harta, harto, de ver cómo tus vecinos, la gente que te rodea, sufre cada día porque le han robado la posibilidad de acceder a lo más básico: tener un hogar.

Nosotras sentimos lo mismo. El problema, aunque nos hagan pensar que es aislado, sabemos que es estructural y que es tan grande y afecta de manera tan transversal a toda la población, a la mayoría social, que solo yendo todos y todas a una podremos cambiar las cosas. Por eso creemos que es esencial que paremos. Que no basta con una pequeña movilización en la calle, que hay que parar todas las máquinas, todo el circuito. Que hay que interrumpir nuestra actividad de forma contundente para que quede claro que este modelo económico que, como vemos, solo hace que perdamos cada día un poquito más de la esencia de nuestro territorio, de los derechos que costó mucho conseguir, del poco bienestar que un día alcanzamos, no es lo que queremos.

Te animamos a que el próximo miércoles 11 de noviembre apoyes la huelga y la secundes. Te animamos a que no vayas a trabajar, a que no vayas clase, a que cierres tu pequeño negocio, aunque sea unas horas, en señal de protesta y de apoyo a todas las personas (miles, millones) que con determinación han decidido que ya está bien y que la vivienda tiene que ser una prioridad.

Por ti y para que todas esas personasque te compran el pan cada día, que te llevan el pantalón a remendar, que te compran libros cada mes, que te llaman cuando el fregadero no desagua, que te compran a ti la carne, el pescado, la fruta, y hacen posible la sostenibilidad de tu medio de vida, se animen a defender también los derechos de todas y todos. Hazlo por seguir teniendo -o volver a tener- vecinas y vecinos, la señal básica de que todavía tenemos territorio, pueblo, comunidad, arraigo.

¡A la huelga! ¡La vivienda nos cuesta la vida!

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