“El mundo que conocíamos ha dejado de existir”: El Orden Mundial traza los mapas para entender las “nuevas lógicas” de un mundo en transformación
Como pudimos leer y ver en la obra de teatro ‘El cartógrafo de Varsovia’, de Juan Mayorga y con Blanca Portillo como protagonista, los mapas son muchas cosas y a la vez una muy sencilla que engloba todas las que se quieren: una forma de contar la realidad.
En ‘Las fuerzas que mueven el mundo’ (Ariel), del equipo del periódico y podcast de geopolítica internacional El Orden Mundial hay eso, muchos mapas: de zonas concretas (el Ártico en el que el cambio climático está provocando un deshielo que abre nuevas posibilidades al comercio internacional; el del Pacífico, donde se evidencia la lucha entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y China), o de ríos como el Nilo, desde una perspectiva invertida que permite entender mejor las dinámicas de poder dentro de África.
E incluso hay mapas que, lejos de la mirada convencional de la proyección Mercator, pensada para navegaciones marítimas, pero que desproporciona los focos de poder de su época y desdibuja espacios como África, presentada menor de lo que realmente es, muestran al mundo como una sucesión de continentes interrelacionados, en una visión que representa la interconexión del mundo mejor que esos grandes espacios de océano que lo separan en nuestra visión convencional. Por haber, hay hasta mapas del espacio.
Los mapas como herramienta de explicación del mundo son importantes, por eso, enumeran desde El Orden Mundial, también se han usado como herramientas propagandísticas: tenemos a un Trump adicto a los mapas, que los ‘dibuja’ con fallos y con IA, del Golfo “de América” a Groenlandia, a la representación que hace Marruecos incluyendo al Sáhara o el expansionismo de Israel, que lleva a uno de los mapas más difíciles de representar, el del genocidio en Gaza, un territorio “reducido a cenizas” en el que “no queda nada”. A China los mapas no le interesan tanto como dibujos de las fronteras que quiere incorporar como de los lugares en los que quiere influir comercialmente.
Era una tarde extraña en un Santander entre semana que seguía viviendo un poco la resaca de la Semana Santa –en el País Vasco están de vacaciones y eso se nota–, con unos días de inusual sol y los montes más allá de la ciudad ardiendo, mientras en las terrazas los televisores ‘de calle’ mostraban al Real Madrid e iba acercándose la hora en que “morirá una civilización entera”, como amenazaba Trump si Irán no reabría el estrecho de Ormuz en lo que no deja de ser una nueva confirmación de lo que siguen importando el comercio internacional físico y unos mapas, inclusos vistos desde la luna.
En el Ateneo, organizado por el Aula de Cultura de El Diario Montañés y ante un público más joven de la media, los periodistas de El Orden Mundial Álvaro Merino y José Luis Marín explican que, pese a la acumulación de sucesos, “nada es fuego”.
En realidad, ‘simplemente’ está pasando que “el mundo que conocíamos ha dejado de existir y esto no va a ser un mal sueño”. “Tenemos que acostumbrarnos a un mundo más inestable, fragmentado y frágil que ha llegado para quedarse”, resumía Álvaro Merino. “Acudimos a los mapas en busca de certezas”, remarcaban, poniendo el acento en lo que precisamente aporta su libro, una guía, mapa a mapa, para orientarse en un mundo en el que, pese a todo, no hay “caos”, sino una “anarquía extraña” con unas “nuevas lógicas que se están imponiendo” y “reorganizando el mundo”, señalaba José Luis Marín: “el mundo está cambiando y entender las lógicas del cambio ayuda”.
NUEVOS CONFLICTOS, EL PODER DE LAS TECNOLÓGICAS O LA COORDINACIÓN INTERNACIONAL DE LA EXTREMA DERECHA
A partir de ahí, y ante un auditorio interesado y cuyas preguntas denotaban un perfil formado, afloraban muchos de los temas que guían la conversación global:
-Desde la evidencia de la existencia de “un movimiento ideológico internacional muy importante”, la extrema derecha, que funciona como un bloque “muy coordinado” y que “apunta a lógicas postdemocráticas” creando “tensiones” en los países.
-Hasta el papel de una España y una Europa que, “atrapados en una encrucijada” y en el choque entre potencias, no terminan de comprender su propio papel: la puerta a América, la conexión con Europa, una gran zona de bienestar y libre comercio…
-Pasando por –una de las atinadas preguntas del público– la “gran capacidad de poder” de las grandes tecnológicas en las democracias que recurren a ellas para informarse, y que pueden usar las redes sociales que controlan como “agentes de desestabilización”. “Lo mínimo” es que “respondan a leyes europeas”, ya que tanto Estados Unidos como China tienen claro que son “actores estratégicos”, “alineados con sus intereses”, mientras en Europa estamos “en pañales”. “La disyuntiva de Europa es decidir de quién somos colonias tecnológicas”, apuraba Julio Ceballos, consultor empresarial del mercado chino y maestro de ceremonias de la presentación en el Ateneo, que concluía que, en materia tecnológica e industrial, “no somos autónomos y, al no serlo, no somos soberanos”.
-O los conflictos que se avecinan: Taiwán y China, que no tiene por qué ser una “invasión” o guerra en el sentido clásico, pero con repercusiones económicas o empresariales; la ruptura del orden en Asia-Pacífico y todo lo que está pasando ya en el Cuerno de África (Eritrea, Etiopía, Somalia, en una región en la que están asentándose intereses de potencias como Emiratos Árabes Unidos o Israel); junto a zonas tan inexploradas como la incertidumbre en el mar (“conocemos más Marte que el fondo marino”, lo que abre escenarios de “vacío legal” a la explotación de recursos que ya empiezan a explotar empresas, más allá de los pesqueros, en los que también hay una guerra soterrada con una China que surca más allá de sus propios mares)
DE ESTADOS UNIDOS A CHINA
Había tanto de que hablar que se dio hasta el lujo de no necesitarse referencias a esa “muerte de una generación” de un Trump en cuyo después ya se piensa tras evidenciarse en su mandato que “muchos discursos han caído” –los de las fuerzas patriotas que se han “entregado” a su influencia– con la misma rapidez que han crecido allí la inflación o el intervencionismo económico que él mismo denostaba.
«Trump no es un personaje estrambótico, sino el resultado de una estructura”
Y mucho espacio para China, teniendo en cuenta además que ambos fueron introducidos por Julio Ceballos, cántabro apasionado de los mapas y atlas que pasó muchos años trabajando en el gigante asiático –fue uno de los impulsores de la campaña Cantabria Respira, por la que profesionales que conocían el terreno lograron traer respirador y material sanitario en los peores momentos de desabastecimiento de la pandemia–. Ahora se dedica a asesorar a empresas que quieren adentrarse en ese nuevo, desde nuestra perspectiva, mundo, mientras desgrana sus conocimientos en sus tribunas en El Diario Montañés o en sus libros ‘Observar el arroz crecer’ y ‘El calibrador de estrellas’. Ceballos advertía de que, pese al menor foco en forma de conflicto –una gran diferencia respecto a Estados Unidos–, “en China pasan muchas cosas”, aunque ellos mismos “no suelen contarlo” porque no tienen tan interiorizada la comunicación.
Como resumía José Luis Marín, “en cuatro o cinco años tendremos la respuesta a la pregunta de quién va a ganar la lucha por la hegemonía”.
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