Despedida de Santander por Benji y su humano

Una persona sin hogar y su gato protagonizan una emotiva despedida del lugar que llevan habitando meses: la Plaza Porticada
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No ha sido una tarde habitual en la Plaza Porticada, el lugar que se concibió como el corazón simbólico de la ciudad por quienes reconstruyeron (es un decir) Santander tras el incendio y quisieron que encajara en el molde de lo que fue, sentimos recordarlo, una dictadura.

No fructificó, pero algo quedó en el inconsciente colectivo, de que en ese espacio pasaba algo: los hay quienes recuerdan las noches gloriosas de un FIS que evidenciaba en plena espacio público el cierre de lo de todos para las élites que encabalgaban apellidos y palcos, allí estuvieron durante años –ya ni eso queda tal como era– grandes núcleos de poder real como la Cámara de Comercio y Caja, allí la Iglesia nos recuerda con su exposición de pasos de Semana Santa que en esta ciudad hay quien les sigue obedeciendo desde despachos civiles, y algo quedó de poso porque en Santander, el 15M no se fue al Ayuntamiento, no se fue a Pombo, sino que hizo de la Porticada la Plaza Indignada.

Tenemos, es cierto, picos de reconquista simbólica, como el encuentro en torno a los libros y la música que es FELISA, pero esta plaza, un espacio de paso entre pasos, corre el riesgo, como todo en la capital ahora mismo, de acabar siendo uno de tantos no-lugares entre cruceristas, freetours y el soniquete de maletines. Una vez al año, es allí y no en otro sitio donde las personas sin techo que atiende Cáritas protagonizan su particular concentración para recordarnos algo incómodo: que existen.

La sucursal de la pobreza extiende sus franquicias

Y debe ser terriblemente incómoda esa existencia, porque no hace tanto, por aquí no lo olvidamos, se decidió que su mera presencia provocaba la ruina en las extensiones comerciales del corazón de la ciudad. Resultaba cómico identificar como ruina, desolada e insegura el área comercial en el que está Zara y un puñado de franquicias, en las que se instalan hasta cadenas de restauración locales en grandes inmuebles y en el que se nos dijo que al estar bajo el influjo del Centro Botín y los cruceros –y apuntamos por aquí que todavía más cerca están la nueva hornada de museos que no se han decidido ayer y que vienen a traer la revolución, que será turística o no será–.

Problema resuelto

En fin, que dicho y hecho: la comunicación de alarma y sesgo clasista generaron un inédito inmediato efecto, y aquellos locales vacíos que el rentismo que gobierna la ciudad, el auténtico consejo político local, prefiere tener muertos a rebajar su hipotético valor, fueron vallados en un anuncio hecho desde lo público: eran locales privados, pero por lo visto no tuvieron capacidad por sí mismos de poner la verja. El entreguismo municipal fue similar en medidas y prisas al desalojo de una persona sin techo de los Jardines de Pereda, el día que venía la emperadora Ana Patricia I a comprobar si sus virreyes estaban ejecutando correctamente sus órdenes.

Despejan los Jardines de Pereda de enseres de personas sin hogar antes de una visita de Ana Botín por la instalación de una placa a Emilio Botín

Ese movimiento, decimos, las verjas de los comercios –que sucedió a las verjas del Puerto– no solucionó, evidentemente, el problema: simplemente hizo lo que hace siempre el poder local, expulsar a otro lado a los que le sobran. Y así, las personas sin techos, las que no cumplen el criterio de admisión de un centro municipal de acogida que siempre pide más –dinero– para atender menos, se desplazaron a nuevos sitios.

La valla mágica: las concertinas de la calle 

Uno de ellos, la Plaza Porticada, donde hay ya más de una decena de personas que duermen bajo los arcos o las estrellas. Decíamos, allá por el primer párrafo, que no ha sido una tarde normal allí: ha habido curiosos, ha habido despedidas y ha habido lágrimas al leer esta carta que os transcribimos íntegramente para no usurpar la voz de nadie.

«Hola Santander.

Soy Benji. Puede que me conozcáis como “el gato de la Porticada” o simplemente “el de los ojos que lo dicen todo”.

Hace 6 meses llegué aquí con mi humano. Llegamos cansados, con miedo y con frío por dentro. No teníamos nada, pero este rincón nos dio un techo. Y vosotros, sin conocernos, nos disteis algo más: un hogar.

    • Gracias a la señora que siempre tenía un “pspsps” y un trocito de jamón.
    • Al chaval que me rascaba detrás de las orejas cuando mi humano tenía un mal día.
    • Al de la tienda que nos guardaba cartones para la lluvia.
    • A todos los que preguntabais “¿cómo estáis hoy?” y esperabais la respuesta…..

Mi humano no habla mucho. A veces la vida le pesa. Pero yo he visto cómo se le iluminaba la cara cada vez que alguien se paraba a hablarnos. Cómo dormía más tranquilo porque sabía que estábamos arropados por vosotros.

Vosotros no nos visteis como “dos sin techo”. Nos visteis como vecinos. Como familia. Y eso amigos, no se olvida. Eso te salva.

El jueves nos vamos. Nos toca seguir camino hasta Algeciras. La vida sigue. Y el remolque está listo. Me da pena irme. Este suelo ya tenía mi olor. Esta gente ya tenía mi corazón.

Pero me voy sabiendo que hay gente buena. Que Santander no es sólo mar y viento. También sois vosotros.

Si alguna vez pasáis por este sitio y ya no estamos, cerrad los ojos un segundo, igual escucháis ronroneos. Es el mío, que se queda aquí para daros las gracias.

Os llevamos en las alforjas. Para siempre.

Con todo mi amor de gato.

Benji

Y con la firma temblorosa pero agradecida de su humano. Hermano y amigo

Antonio Valverde Mancilla.

Santander a 6 de Mayo de 2.026.

Desde el Km 0 de nuestra nueva vida.

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