“No existe esa postura neutral que predicaba el periodismo tradicional”: Alharaca, el medio feminista que cuenta las desapariciones en El Salvador

La periodista Andrea Burgos participa en Cantabria en el ciclo “Cambiamos la narrativa”, impulsado por Asamblea de Cooperación por la Paz, y en una formación organizada junto a EL FARADIO sobre cómo hacer frente desde la comunicación a los discursos de odio
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Cambiar las narrativases una de las bases del trabajo de Alharaca, un medio feminista transnacional que busca no sólo nuevos temas sino nuevas formas de contarlos. Hacerlo sobre El Salvador supone tocar las desapariciones que se están produciendo en El Salvador de un Bukele que ha conseguido no sólo vender el relato del fin de las bandas sino, aupado en ese discurso, una sincronización de todos los poderes del Estado, incluido el asalto al judicial, y sumándole un control de los medios que ha llevado a que los más críticos tengan sus redacciones, literalmente, fuera del país, mientras un ejército de trolls hostiga a todas aquellas voces que osan pensar distinto.

«“Sabemos que enfrentamos poderes muy grandes”, admite su periodista Andrea Burgos, en conversación con EL FARADIO, medio con el que ha colaborado en las últimas semanas en una formación en comunicación, impulsada desde Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP), sobre nuevas narrativas para hacer frente al odio. Andrea, además, inaugura este miércoles en Librería Gil el ciclo ‘Cómo contamos el mundo’.

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UN MEDIO FEMINISTA Y TRANSNACIONAL

Andrea Burgos define Alharaca como “un medio feminista transnacional” nacido en El Salvador, aunque con una lógica de diáspora.

Burgos sitúa el origen del medio “en el encuentro entre la academia, el arte y el periodismo” que tras diagnosticar el estado de la situación en su tierra, llegaron a la conclusión de que la dimensión de los problemas exigía un nuevo empuje. Tanto en los temas como las formas en que se cuentan.

Y así, evolucioando desde la prensa basada únicamente en la palabra escrita, han implantado vídeos, carruseles, podcasts –pensando en las comunidades en las que hay personas que no saben leer– e incluso cómics, tocando temas que van desde la migración contada desde el día a día de las mujeres en los países a los que se fueron o las desapariciones desde el vacío que dejaron las personas en sus habitaciones, con sus cuartos y objetos personales.

Esa forma de trabajar implica otra relación con las fuentes. “No solo la típica dinámica de la fuente: voy, vengo, tomo como periodista lo que me sirve, me voy y me alejo”, explica. Frente a ello, Alharaca apuesta por devolver las historias a sus protagonistas y mantener un seguimiento continuado.

“No existe esa postura neutral que predicaba mucho el periodismo tradicional”, recalca Burgos, que defiende una mirada explícitamente feminista y centrada en derechos humanos.

UN PAÍS QUE NO ENCAJA CON SU PROPAGANDA

Hacerlo desde El Salvador les suma una capa de dificultad, empezando por el fuerte contraste entre la imagen internacional del país, que ha logrado vender el relato del «país más seguro» y el fin de las bandas –Burgos recuerda que el presidente viene precisamente del  mundo de la publicidad– y la situación interna.  Allí se esta produciendo un proceso de absorción o infiltración en el resto de poderes, incluyendo el judicial.

Para entender lo que está sucediendo con la política contra las bandas, Andrea Burgos recurre a la metáfora de la pesca: «Si haces pesca de red te llevas todo el suelo marino”. Con ello se refiere al elevado número de encarcelamientos indiscriminados y a la existencia de personas inocentes detenidas, de la que vienen advirtiendo organizaciones salvadoreñas e internacionales de defensa de los derechos humanos que describen como las desapariciones afectan a perfiles críticos con el régimen: líderes sindicales, de comunidades indígenas, defensoras del territorio.

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El tema de las desapariciones es precisamente uno de los que más está siguiendo Alharca, trabajando en contacto estrechísimo con las familias afectadas, con seguimientos emblemáticos como el de Carlos Abarca, y con una organización social que mantiene viva la búsqueda y la denuncia y que impulsan «siempre las madres, las madres”.

ENTRE LA FIDELIDAD Y EL ODIO

Burgos explica que Alharaca ha construido una comunidad fiel, pero también que su trabajo se desarrolla frente a campañas de odio y acoso digital. “El Estado salvadoreño tiene un aparataje de troles”, afirma, orientado a “desmeritar todo lo que vaya en contra del Gobierno”. Y recuerda una de las máximas del discurso de odio, que conocen quienes trabajan con comunidades vulnerables o en temas sensibles con el poder: “Lo que empieza en un ámbito digital ha probado vez tras vez que trasciende también a lo físico”.

 


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