El Quijote, el “loco buscador de justicia” que conecta a León Felipe y Eulalio Ferrer en sus peores momentos

El Ateneo de Santander acoge la presentación de 'León Felipe en España', el libro de José Ramón Saiz Viadero y Juan José Sánchez Ondal que recupera los años más desconocidos del poeta, que pasó por Santander
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El pasado viernes el Ateneo de Santander recibió la visita de quien su presidente, Manuel Ángel Castañeda, definió como uno de los “ateneístas más antiguos”, “alma y memoria” de la institución: José Ramón Saiz Viadero, custodio de tantos recuerdos y de una memoria colectiva que lleva décadas conservando y difundiendo desde los tiempos en los que rescatar la huella de los años oscuros —y revisar la luz que se perdió— estaba peor visto que ahora. Más aún, traía represalias, como pudo comprobar con los constantes —y simbólicos, reiterados e incluso “coherentes” con el momento actual— ataques sufridos por la librería.

‘León Felipe en España’ reconstruye en Santander los años menos contados del poeta antes del exilio

El motivo de la cita fue la presentación de León Felipe en España, escrito por José Ramón Saiz Viadero y Juan José Sánchez Ondal y publicado por Ediciones Tantín, un trabajo concluido antes de la pandemia que ve la luz ahora y que acerca al lector a los años más desconocidos del poeta, para quien Santander supuso un hito importante en su biografía: aquí regentó una farmacia, en la Plaza de la Esperanza —una placa lo recuerda— y aquí sufrió los problemas económicos que le llevaron a la cárcel de El Dueso, en Santoña.

León Felipe se gana la luz enfrente de la farmacia que le llevó a la cárcel

Es precisamente a partir de esa experiencia donde aparece una conexión con otra figura a la que Saiz Viadero ha estudiado, difundido y, sobre todo, conocido: Eulalio Ferrer, ‘Lalio’. El exitoso publicista afincado en México, implicado durante décadas en causas solidarias y culturales relacionadas con Cantabria, fue antes de esa vida un adolescente militante socialista y sindicalista, un periodista combativo y un exiliado como consecuencia de ese compromiso político, tanto suyo como de su familia.

En esa huida se produjo uno de los episodios fundacionales de su biografía: las noches al raso en Argelès-sur-Mer, la playa francesa convertida en un campo de concentración para los republicanos españoles que Francia no quiso acoger. En una de aquellas noches —en las que, durante el invierno, muchas personas llegaban a morir de frío, como documenta Las hogueras del Pertús— cambió una cajetilla de tabaco por un ejemplar de El Quijote, inicialmente con la intención de utilizarlo como almohada.

Después comenzó a leerlo y a sumergirse en sus páginas, a buscar paralelismos entre sus personajes y sus compañeros de infortunio, a sentirse agradecido por lo que siempre consideró que, paradójicamente, le salvó de la locura. Aquella lectura le acompañó toda la vida: se convirtió en uno de los grandes coleccionistas cervantinos, impulsó el Museo Iconográfico del Quijote de Guanajuato, promovió instituciones dedicadas a Cervantes y donó monumentos como la escultura de Don Quijote y Sancho situada en El Sardinero, una de las pocas que mira hacia el mar.

El campo de concentración donde Eulalio Ferrer descubrió El Quijote será declarado Lugar de Memoria

Si para Lalio el Quijote fue salvación, cordura, refugio, sueño y evasión, para León Felipe fue también una tabla de salvación. El poeta recibió el libro de manos de Alberto López Argüello, mientras, según recordó Sánchez Ondal durante la presentación, “la mayor parte de sus amigos le dieron la espalda”.

En la cárcel, León Felipe “se dedicó a la lectura” y encontró en Don Quijote una figura con la que identificarse: el hombre vencido, el caminante, el loco lúcido, el que no renuncia a reclamar justicia aunque el mundo lo considere derrotado.

La influencia fue, según se subrayó en el acto, “absolutamente total y permanente”. No se trató de una lectura circunstancial ni de una referencia culta más, sino de una presencia que atravesó toda su obra. León Felipe volvió una y otra vez sobre Cervantes, sobre Don Quijote y sobre esa idea del “loco buscador de justicia” con la que terminó identificándose.

De hecho, durante su estancia en prisión y con ocasión de unos Juegos Florales, León Felipe llegó a escribir quince sonetos sobre el Quijote. Esa relación nunca desapareció. Llegó hasta su última obra publicada póstumamente, Rocinante, un título que resume por sí mismo la permanencia de Cervantes en su imaginario. El poeta hizo del caballo de Don Quijote, del viaje, de la intemperie y de la derrota digna algunos de los símbolos fundamentales de su literatura.

Aunque su famoso ‘Vencidos’ pertenece a ‘Versos y oraciones de caminante’, publicado antes del exilio republicano, el poema permite una lectura posterior marcada por la Guerra Civil y la salida forzada de León Felipe de España. En él, Don Quijote no aparece como héroe victorioso, sino como una figura que vuelve derrotada, “va cargado de amargura” y “va, vencido”.  La identificación de León Felipe con Don Quijote se hace explícita cuando el poeta le pide: “Hazme un sitio en tu montura”. Mirado desde el exilio, el verso “yo también voy cargado de amargura” adquiere una dimensión colectiva: ya no habla sólo el poeta, sino toda una generación expulsada de su país.

El Quijote de ‘Vencidos’ no es el loco ridiculizado por sus derrotas, sino el “caballero derrotado” que conserva una dignidad ética. Por eso León Felipe no le pide una victoria, sino compañía.

El libro presentado en el Ateneo también permitió recorrer otros vínculos de León Felipe. Se habló de Antonio Machado, por quien sentía una profunda admiración. Ambos coincidieron en Valencia y, ya en México, el contacto entre ellos fue “muy frecuente”. Esa relación sitúa a León Felipe dentro de una constelación de escritores atravesados por la Guerra Civil, el exilio y la defensa de una cultura entendida como compromiso moral.

Sánchez Ondal fue presentado además como un “republicano acérrimo”, aunque “sin militar en ningún partido ni sindicato”, y más próximo al ámbito anarquista. Catedrático y antiguo empleado de la Embajada de Panamá, aportó durante la presentación buena parte del contexto biográfico y político que rodeó la vida de León Felipe.

Y, aunque no fue objeto de la presentación, resulta inevitable cerrar este recorrido con otra historia en la que se entrecruzan cárcel, cultura y resistencia. Se trata de la del dramaturgo Cipriano Rivas Cherif, colaborador de Federico García Lorca y cuñado de Manuel Azaña.

Rivas Cherif pasó también por El Dueso, encarcelado allí por el franquismo entre 1942 y 1946. En el penal impulsó el Teatro-Escuela de El Dueso, una experiencia protagonizada por los propios presos que mantuvo viva, incluso entre los muros de la prisión, la tradición renovadora del teatro republicano. Así, décadas después del paso de León Felipe por el penal santoñés, El Dueso volvería a convertirse en un espacio donde la cultura sirvió para resistir frente a la adversidad.

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