“Hay que buscarse aliados y no todo pasa por tener dinero”
El movimiento francés ‘Las sublevaciones de la tierra’ nació en 2021 para hacer frente a los efectos de grandes proyectos industriales y extractivos y defender el territorio, los bienes comunes y el derecho de las poblaciones a decidir sobre los espacios que habitan. Su recorrido se recoge en el documental francés ‘Las sublevaciones de la tierra’, que podrá verse el 9 de octubre, a las 18:30 horas, en la librería y espacio autogestionado La Libre, en Santander, con entrada libre.
Blanca Diego, integrante del área de Ecofeminismos de Ecologistas en Acción, explica que el documental fue proyectado previamente durante unas jornadas ecofeministas celebradas en Santander y que ahora se abre la posibilidad de que el público pueda conocer esta experiencia de organización colectiva.
Según relata, el movimiento surgió en Francia frente a los efectos de grandes empresas industriales y extractivas, el acaparamiento de tierras y agua y determinados proyectos que afectan a los territorios rurales. Su objetivo, explica, es defender los bienes comunes y el derecho a habitar y decidir sobre el territorio.
Uno de los episodios centrales que recoge el documental está relacionado con las denominadas megabalsas, grandes infraestructuras destinadas al almacenamiento de agua para abastecer principalmente a la industria agroalimentaria y a grandes explotaciones agrícolas. Las protestas contra estos proyectos desembocaron en 2023 en una fuerte respuesta policial.
Diego señala que, tras aquella movilización y la posterior declaración del movimiento como “ecoterrorista” por parte del Gobierno francés, ‘Las sublevaciones de la tierra’ impulsó una campaña para evitar que la represión provocara la dispersión de quienes participaban en las protestas.
La respuesta fue una estructura descentralizada. Según explica, unas 200.000 personas se declararon parte del movimiento y se crearon 150 comités locales, pequeños y autónomos, pero conectados entre sí. “Hay que buscarse aliados y no todo pasa por tener dinero”, sostiene Diego al explicar una de las claves de esta forma de organización.
El documental presenta esta experiencia a través de 16 personas y desde una perspectiva intergeneracional. La activista destaca que son especialmente las generaciones jóvenes quienes impulsan el movimiento, pero también muestra cómo personas mayores procedentes de posiciones políticas diversas se han incorporado a estas luchas después de participar en acciones de defensa del territorio.
Para Diego, uno de los elementos que diferencia esta experiencia es la importancia que concede al cuidado. Las movilizaciones se preparan teniendo en cuenta las necesidades de quienes participan, incluidas las familias con menores. Se organizan equipos jurídicos, espacios para cuidar a niños y niñas, grupos encargados de la alimentación o de montar los campamentos y otras tareas necesarias para sostener las protestas. “Es un diseño político del cuidado”, explica. La finalidad, añade, es que personas que quieren defender el territorio pero tienen miedo a sufrir represalias puedan participar y sentirse protegidas.
El movimiento combina estas estructuras con acciones de desobediencia civil que Diego define como radicales “en el sentido de raíz”, pero no violentas. El documental muestra protestas relacionadas con carreteras, bosques, glaciares o proyectos turísticos, además de las movilizaciones contra las grandes infraestructuras hidráulicas.
La integrante de Ecologistas en Acción considera que esta forma de organización también plantea una reflexión sobre las movilizaciones en España. A su juicio, existen numerosas iniciativas y colectivos, aunque todavía falta una mayor articulación entre ellos para poder responder de manera coordinada ante problemas que se repiten en diferentes territorios.
Esta mirada conecta directamente con el ecofeminismo, que Diego define como una forma de entender la intersección entre diferentes luchas y violencias. En este sentido, considera necesario relacionar cuestiones que a primera vista pueden parecer independientes: la instalación de una industria junto a un río, un proyecto turístico en un espacio natural o los problemas de acceso a la vivienda. “Hay que ir creando diálogos entre colectivos”, plantea. Y añade que la pedagogía, la información y la sensibilización son necesarias para que esas conexiones puedan ser comprendidas también fuera de los espacios organizados.
La comunicación ocupa otro de los apartados de la entrevista. Diego defiende combinar las redes sociales con herramientas más tradicionales, como el boca a boca, especialmente en entornos rurales. Para ella, además de comunicar hacia fuera, los movimientos necesitan generar comunicación interna, sumar aliados y construir proyectos capaces de llegar a públicos diferentes.
En el caso del documental, destaca precisamente la combinación de recursos profesionales y una concepción colectiva de la obra. Las 16 personas que aparecen en pantalla no aparecen identificadas con su nombre ni con su localización, un detalle que, según Diego, refuerza la idea de que el protagonismo corresponde al conjunto del movimiento.
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