“Nadie nos iba a rescatar”: el fundador de CC.OO en Cantabria reivindica el espíritu de organización “desde abajo” frente a la desmovilización
Nació en medio de una guerra, creció en una dictadura. “Y no quiero irme en otra”, advirtió José López Coterillo, ‘Cote’, fundador y primer secretario general del sindicato Comisiones Obreras de Cantabria, que le dedicaba este miércoles un sentido homenaje en el que se reunieron muchas de las personas que, en los años 70, trabajaron desde distintos frentes por la llegada de la democracia.
A ‘Cote’ se le sigue viendo con frecuencia en manifestaciones, pese a sus dificultades de movilidad, y continúa difundiendo pensamientos e ideas sobre la deriva del mundo a través de su lista de WhatsApp. Dos cuestiones —la acción en la calle y la capacidad de difundir mensajes libremente— que seguro valora especialmente porque él, que fue corresponsal de Radio España Independiente —la emisora clandestina del PCE que emitía desde el extranjero y se escuchaba a escondidas—, sabe que en otros tiempos eso tenía consecuencias: “Yo he convocado manifestaciones cuando estaban prohibidas”.
Él mismo pasó ocho años en prisión simplemente por ejercer la acción sindical. Llegó a haber una redada contra militantes del sindicato, con unas 40 personas encarceladas, en lo que supuso el descabezamiento de una organización que no es que fuera clandestina: es que directamente era ilegal. Igual que el propio derecho de reunión, sorteado a través de encuentros privados en despachos como el de Javier Gómez Acebo o viajes en las Reginas a Somo, aparentando ser turistas, para algunas de las primeras reuniones constitutivas.
Si cuando nació había una guerra y cuando creció una dictadura, cuando salió de la cárcel el dictador llevaba muerto apenas dos semanas. Eso no significaba que hubiera democracia ni que acabara la lucha: para él, la actividad sindical iba más allá de la necesaria mejora de las condiciones de la clase obrera. Comisiones tenía un papel “sociopolítico”, en el que también se peleaba por la libertad.
A lo largo de su intervención desplegó una poderosa memoria para recordar acciones como el edificio en Cartes en el que consiguieron dar trabajo a obreros despedidos por formar parte de listas negras de sindicalistas o de personas de izquierdas.
Vivió activamente el momento de “euforia” previo a la aprobación de una Constitución en la que enseguida vio “deficiencias”, pero que aun así defendió, confiando en que futuros gobernantes supieran llevarla hacia un sistema más preparado para la defensa de los trabajadores. Pero faltó “voluntad política” y, a la hora de la verdad —vino a decir, advirtiendo incluso de que no sabía si debía decirlo—, lo que sucedió fue que “se cumplió el plan de Suresnes”.
Nada sospechoso de contemporizar con la deriva posterior de la Constitución, y desde luego más simpatizante de otras formas de gobierno desde la izquierda, Coterillo recuerda la “angustia” e incluso las “dificultades para respirar” en pleno franquismo, cuando militar en el PCE o en Comisiones podía ser, como él mismo comprobó, un viaje a la cárcel. Por eso prefiere esta democracia a otra dictadura e ironiza con quienes, a posteriori y sin entender aquellas vivencias, juzgan —y condenan— esa etapa: “Qué pena que no estuvieran en el 75 para hacer la revolución”. No se va a morder la lengua Cote a estas alturas.
En el acto, presentado por Olga Agüero, decana del Colegio de Periodistas de Cantabria y redactora jefa de eldiario.es Cantabria, intervinieron también Javier Gómez Acebo y Félix Rodríguez —junto a Fernando Sopeña, impulsores de este homenaje—, quienes destacaron el liderazgo ejercido por Coterillo, así como su perseverancia y coherencia. A lo largo del acto afloraron nombres como el del abogado Mario García Oliva o el de Eduardo Obregón, profesor suyo en el instituto, que un día regresó a clase tras un tiempo de ausencia porque había estado preso por participar en una manifestación.
RECUPERAR LA PARTICIPACIÓN DESDE ABAJO
Coterillo no se resignó a hablar solo del pasado. Sigue muy de cerca toda la actualidad y, desde su propia experiencia —la de fundar y dirigir un sindicato cuando el franquismo era una realidad y hacerlo implicaba riesgo de represalias—, recordó que aquella organización colectiva y defensiva partía de una convicción clara: “Nadie nos iba a rescatar”.
Y ve lecciones de aquellos años que no solo siguen vigentes, sino que hoy vuelven a ser necesarias: desde la construcción de espacios de participación desde abajo —“recuperar el espíritu de hacer que la gente participe en pequeñas cosas”— hasta la importancia de la comunicación y las relaciones personales frente al aislamiento, pasando por la necesidad de “recuperar la conexión” entre los distintos niveles en los que se ejerce la actividad laboral, es decir, entre obreros y profesionales.
Porque los problemas y necesidades siguen existiendo, aunque adopten nuevas formas de precariedad que hacen que haya “muchos proletarios, probablemente más que antes, pero no lo saben”.
La secretaria general de Comisiones Obreras de Cantabria, Rosa Mantecón, situó la trayectoria de Coterillo como parte fundamental de la memoria democrática cántabra. “Su vida ya forma parte de la historia de la democracia y del sindicalismo de Cantabria”, afirmó, asegurando que ha pasado “de ser patrimonio del sindicato a ser patrimonio colectivo”.
“Nada nos ha sido regalado”, insistió Mantecón, recordando que muchas personas “arriesgaron el empleo, la libertad e incluso la vida” para conquistar derechos hoy asumidos como normales.
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