«Hemos conocido a mucha gente con ganas de aportar al barrio y de implicarse en proyectos comunitarios»
El Centro Social Smolny afronta uno de los cambios más importantes de su trayectoria con el traslado desde su histórico espacio en el entorno de Entrehuertas hasta un nuevo local en Castilla-Hermida, un proceso que esperan culminar con el inicio de las actividades el próximo 1 de octubre. Mientras tanto, la asociación mantiene una de sus principales citas del verano, el Teresuca Fest, un festival de carácter solidario que volverá a reunir en el Parque de Jado música, actividades culturales y participación vecinal.
José Luis de la Mata, integrante del centro social, explica que el festival mantiene su filosofía de acceso gratuito, aunque con una aportación solidaria: la entrada consiste en la entrega de alimentos destinados a las familias con las que trabaja la entidad. «Queremos que sea un punto de encuentro y que la gente contribuya con quienes más lo necesitan», señala en una entrevista concedida a EL FARADIO.
El festival nació también con la intención de ofrecer un escaparate a grupos de la comunidad autónoma dentro de las fiestas de Santander. «Hay otros espacios para artistas de fuera y creemos que éste debe servir para reivindicar a las bandas de aquí», afirma. No tiene sólo música, sino que es un evento para todas las edades, con charlas, cuentacuentos o circo. Todo un punto de encuentro que va creciendo.
Pese al crecimiento de la cita, desde Smolny reconocen que no persiguen una expansión ilimitada. «No nos gustaría morir de éxito», resume De la Mata, quien considera que el carácter cercano del festival forma parte de su identidad.
Más allá del Teresuca Fest, el centro social se define como un espacio comunitario de barrio, abierto a la participación vecinal y al desarrollo de iniciativas sociales, culturales y educativas. Aunque reconoce mantener una trayectoria e identidad ideológica propias, insiste en que el objetivo es seguir siendo un lugar de encuentro para personas y colectivos diversos, con especial atención a familias en situación de vulnerabilidad y a la infancia.
Precisamente esa labor educativa se ha convertido en la principal actividad de Smolny. Desde hace años mantiene un aula de apoyo escolar dirigida a menores cuyas familias encuentran dificultades para acompañarles en los estudios, ya sea por motivos económicos, barreras idiomáticas o situaciones de exclusión social.
En los dos últimos cursos, esta iniciativa cuenta además con la colaboración de la Universidad de Cantabria, a través de alumnado voluntario que participa en el refuerzo educativo. De la Mata destaca que cuantos más voluntarios consiguen incorporar, mayor es el número de niños y niñas que pueden atender.
El traslado a Castilla-Hermida responde a la necesidad de disponer de un nuevo espacio, aunque reconoce que abandonar el barrio donde nació el proyecto ha supuesto «un proceso mental importante». Muchas familias continuarán vinculadas al centro, aunque otras dejarán de participar debido a la distancia.
Durante las próximas semanas, la prioridad será acondicionar el nuevo local. Para ello, Smolny realizará un llamamiento al voluntariado para colaborar en tareas de limpieza, pintura y pequeñas obras de adecuación, además de impulsar una campaña de micromecenazgo destinada a financiar parte de la instalación eléctrica y el mobiliario.
El nuevo espacio mantendrá también una de las líneas de trabajo que más ha crecido en los últimos años: el acompañamiento a personas migrantes. El centro ha participado recientemente, junto a otros colectivos sociales, en el apoyo a quienes trataban de acogerse al proceso extraordinario de regularización, ofreciendo información, traducción y ayuda con los trámites administrativos.
A partir de esa experiencia, Smolny pretende convertir su nueva sede en un espacio seguro para personas migrantes y favorecer su participación en la vida comunitaria mediante actividades culturales y sociales. «Hemos conocido a mucha gente con ganas de aportar al barrio y de implicarse en proyectos comunitarios», señala De la Mata.
Además, defiende la existencia de una red de espacios sociales y culturales que desarrollan actividad durante todo el año en Santander y considera que esa realidad también forma parte de la identidad de la ciudad. En este sentido, apuesta por reforzar la colaboración entre colectivos y seguir construyendo redes desde el nuevo centro.
Con vistas al inicio del próximo curso, la entidad anima a participar tanto en las labores de adecuación del local como en las actividades y campañas de apoyo económico que permitirán garantizar la continuidad del proyecto.
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