DESMEMORIADOS

La huelga y el cierre de la Standard Eléctrica en Maliaño a comienzos de la II República: lucha y resistencia obrera en tiempo de crisis (segunda parte)

Desmemoriados repasa la situación laboral y social de Maliaño en los años 30, así como la reacción de lucha sindical y obrera organizada
Tiempo de lectura: 8 min

Viene de la primera parte.

La huelga y el cierre de la Standard Eléctrica en Maliaño a comienzos de la II República: lucha y resistencia obrera en tiempo de crisis (primera parte)

Los meses de cierre patronal y paro de la Standard Eléctrica de Maliaño

Apenas había pasado un mes desde la finalización de la huelga de la Standard Eléctrica en Maliaño cuando en las ediciones del día 22 de septiembre de El Cantábrico y La Voz de Cantabria se preguntaban si iban a parar los trabajos en la fábrica, haciéndose eco de los rumores que circulaban por Santander que anunciaban un cierre en plazo breve “por razón de exceso grande de producción y falta de demanda”. La noticia se acompañaba de la reseña de la manifestación que protagonizaron , que devino en paro forzoso desde hacía más de un mes (y que se prolongó durante dos años y medio).

Al día siguiente sendas representaciones de obreros y patronos de Standard Eléctrica se reunieron en la sede del Gobierno Civil para discutir acerca del incumplimiento de la constitución del Comité paritario que se había acordado para terminar la huelga y, en consecuencia, de la obligación del gobernador civil de dictar la resolución que estimara oportuna. Sin embargo, la deriva acelerada de los acontecimientos terminaría por arrumbar esta cuestión.

Las conjeturas más adversas se hicieron realidad el 2 de octubre, cuando, aduciendo exceso de producción motivado por falta de salida del cable ante la huelga que persistía en la Compañía Telefónica, la dirección ordenó cesar la producción y cerrar las puertas.

Los trabajadores responsabilizaron del cierre a la dirección acusándola de haber urdido una maniobra para eludir las leyes sociales de la República, además de suponer una revancha por la confrontación desarrollada el verano anterior. Su respuesta inicial fue la negativa a abandonar las dependencias y anunciar que permanecerían en los talleres hasta que la compañía aceptara unas condiciones de reincorporación que tuvieran en cuenta la antigüedad, respeto al puesto desempeñado y el salario, todo ello bajo la supervisión de la Sociedad de Obreros y Empleados. Tras la mediación del gobernador civil la empresa aceptó al día siguiente los puntos principales, con la salvedad de que las divergencias que surgieran se deberían resolver en un Comité paritario u organismo similar. Conseguido un acuerdo de mínimos, el conjunto de trabajadores abandonó por la noche las instalaciones.

Conscientes de la gravedad de la situación y con una realidad repleta de incertidumbres los trabajadores desplegaron una estrategia consistente, por una parte, una política de contactos con autoridades de distintos ministerios, entrevistándose incluso con el ministro de Trabajo Largo Caballero por mediación del diputado socialista Bruno Alonso y, por otra, con presencia en la prensa, como medio de que la cuestión no perdiera relevancia pública.

El paso del tiempo fue transformando los perfiles de un problema inicialmente de naturaleza económica y laboral en otro marcadamente social, circunstancia en la que se encontraban, con mayor o menor repercusión, numerosas industrias radicadas en Cantabria. Así, el 5 de diciembre, los dos periódicos de mayor tirada en la Provincia (El Cantábrico y La Voz de Cantabria) publicaron un remitido de la Junta directiva de la Sociedad de Obreros y Empleados de la Standard Eléctrica en el que hacían saber al público:

“1.º. Que llevamos más de dos meses de paro forzoso con hambre, miseria y desesperación en la mayoría de los hogares. …5.º Que hay hambre, mucha hambre en cientos de hogares en el asunto particular de Standard y en miles en el general que repercute gravemente en comerciantes e industriales de todo orden, que son los paganos de la situación, y esto se resuelve solucionando los problemas, llámense Standard, Minas de Camargo,Talleres del Astillero, Naval, etc., etc. …”

La especial incidencia en el municipio llevó a un articulista de La Región a acuñar la expresión valle del hambre para referirse a Camargo. No en vano, en otro medio estimaban la cifra de 1.200 obreros sin trabajo en dicho municipio, “es decir, mil doscientos pobres hogares sin más posibilidades de vida que la esperanza de días mejores”. En 1932, por iniciativa del alcalde, el republicano Silvio Fombellida, se puso en marcha la obra de la traída de agua al municipio, lo que supuso la colocación temporal de parte de los parados del municipio.

Ante la ofensiva capitalista. Camargo, el valle del hambre. La Región 1931, 17 de diciembre.

En la segunda semana del mes de diciembre, tras una entrevista del nuevo gobernador civil, Álvaro Díaz de Quiñones con el Director de la Standard, la prensa procedió a considerar la posibilidad de una reapertura de la factoría, aunque, para empezar, reducida a unos 70 o 75 trabajadores, incluido el personal administrativo. Se abría en este punto el que fue el último escollo en este conflicto: el modo en el que se iba a reincorporar la plantilla.

La confirmación definitiva de la reapertura de la planta se produjo a comienzos de 1932. El director de la Standard manifestó que de momento se daría ocupación a más de setenta obreros y que la readmisión se haría Por rigurosa antigüedad, y, desde luego, de acuerdo y conformidad con el Sindicato de Obreros y Empleados de la Standard Eléctrica”. Este  anuncio precedió a un remitido de la compañía en el que detallaba las líneas principales en las que tendría lugar la vuelta al trabajo.

Al día siguiente la Directiva del sindicato de la fábrica contestó con otro remitido en el que precisaba su modelo de reincorporación: con turnos de media jornada y de modo rotatorio para que, de esta manera, la medida alcanzara a todo el personal, incluido el de oficina. Incluso concretaban un ejemplo de turnicidad Criticaban que el modelo de la Gerencia pretendía favorecer a los no asociados y amigos de camarilla, tomando de esta forma la más inhumana represalia contra compañeros empleados asociados. Es decir, nuevamente el grupo de empleados afiliados al sindicato quedaba en el punto de mira de la empresa.

Una vez más fue necesaria la intervención del gobernador para desbloquear la negociación. Ciertamente para los trabajadores el paso del tiempo se había convertido en un problema crucial. La confrontación de la potestad organizativa dentro del principio de autoridad que abanderaba la empresa frente a la negociación colectiva y principio de solidaridad que defendía el sindicato se terminó resolviendo con un acuerdo de bases, firmado el 4 de febrero, en el que, en síntesis, la compañía readmitía por orden de antigüedad a algo más de la cuarta parte del personal y garantizaba tres días de trabajo a la semana, aceptando el principio de rotación quincenal en determinadas secciones de producción, lo que apuntaba hacia un reparto equitativo del empleo. Aunque el conflicto había entrado en vías de solución, aún pasaría tiempo hasta que la fábrica recuperase la carga de trabajo y el ritmo anteriores al verano de 1931.

Se arregla el conflicto de la Standard. Los acuerdos definitivos quedaron firmados ayer. El Cantábrico 1932, 5 de febrero.

Epílogo: Juanita Lacalle

“Sexta. Con la admisión de la señorita Juanita Lacalle la representación obrera considera solucionada la plantilla de oficinas”.

De la lectura de las bases acordadas entre la Dirección de la empresa y la representación de los trabajadores llama la atención una de ellas, la sexta, en la que se menciona expresamente a una mujer, Juanita Lacalle. ¿Quién era y por qué aparece esta cláusula exclusiva? Desconocemos casi todo del caso, pero si atendemos a las características que reunía su persona, es decir, mujer, empleada en las oficinas y afiliada a la Sociedad de Obreros y Empleados de la Standard Eléctrica, podemos entender las razones que lo motivaron, yestablecer una hipótesis de lo ocurrido. La empresa siempre centró en el minoritario sector de empleados el foco desencadenante de la huelga del verano de 1931; de hecho, fueron el colectivo, junto al de mujeres, al que no quería aplicar el aumento salarial que se estaba negociando y en las conversaciones acerca del reingreso no aceptaba aplicar la turnicidad. Por otra parte, no hay que explicar que su pertenencia al sindicato constituía en aquellos tiempos un factor de riesgo muy elevado a efectos de estabilidad laboral.

Así pues, la vuelta al trabajo de Juanita Lacalle y su mención explícita en el acuerdo final suponía para la representación obrera una cuestión capital que operaba en un doble sentido. De una parte, hacia la empresa era una forma de impedir una represalia selectiva de una trabajadora significada y de otra, a los trabajadores, lanzaba el mensaje de defensa del valor de la asociación y la solidaridad.

Referencias bibliográficas, hemerográficas, archivos e Internet

CALVO, Ángel. (2014): Telecomunicaciones y el nuevo mundo digital en España: La aportación de Standard Eléctrica. Ariel, Colección Fundación Telefónica.

GUTIÉRREZ LÁZARO, Cecilia y SANTOVEÑA SETIÉN, Antonio (2000): UGT en Cantabria (1888-1937), Universidad de Cantabria.

MARTÍNEZ OVEJERO, Antonio (2004): “Azaña versus Telefónica, los límites del poder”. Espacio, tiempo y forma, 16.

MINISTERIO DE TRABAJO Y PREVISIÓN SOCIAL, Estadísticas de las huelgas 1930 y 1931

  1. AA. (1993): Historia y memoria colectiva. La vida en el valle de Camargo entre la II República y el primer franquismo. Seminario de fuentes orales. ICE. Universidad de Cantabria.

El Cantábrico

El Pueblo cántabro

La Región

La Voz de Cantabria

Archivo de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Santander.

Biblioteca Virtual Prensa Histórica – Ministerio de Cultura

Filmoteca Española. Archivo histórico de RTVE.

Zona cachonera. Patrimonio industrial.

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