Marcos cruza el Rubicón 

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(La foto es de Keruin P.Martínez, camarero del Rvbicón, fotógrafo y fundador de la Revista Amberes)

Va por delante que después de lo que ha escrito Aser en El Diario Montañés no se puede escribir nada mejor y con más conocimiento sobre la muerte de Marcos (Marcos Rubi, Marcos Rubicón, como le tendrán muchos guardado en el móvil, y eso que el Marcos es, en realidad, su apellido, y que Rubicón en realidad iba con una latinísima V).

Pero no queríamos dejar pasar la ocasión de mandar un abrazo a todos los que le quisieron y conocieron, entre los que hay, habemos, muchos miembros de la comunidad de El Faradio, muchas voces referentes compartidas, muchos socios, incluido el propio local, por cierto, escenario de muchas conversaciones, noticias fraguadas ahí y mucho activismo, sí.

Y de poner en valor lo que construyó: con nombre de río y de gran reto, un espacio pionero en la programación cultural en una ciudad en la que no siempre fue fácil hacer cultura estable, distinta, de calidad y de base, en un entorno que pasó por tiempos peores, en lo físico y en lo social.

Un espacio seguro en el que, de tanto verlo te acostumbrabas sin caer en lo que supone, se llamaba a respetar la diversidad sexual antes de que ese discurso conquistara los avances que tiene en la actualidad (y pese a tantas dificultades).

Un lugar de referencia para la comunidad progresista en sentido amplia, muchas veces huérfana de espacios, pero no sólo, en el que saludar a conocidos entre videos de ópera, exposiciones, cuadros republicanos y carteles y entradas de conciertos, muchos conciertos: de conocidos, de desconocidos, de solistas, de aquí, de fuera, con muchos miembros de una familia que siempre se apellidaba Quartet o Trío, y con una generosidad que abría el espacio a nuevas voces a través de jam sessions o sesiones de improvisación en la que muchos se han curtido en sus primeras actuaciones.

El amarillo Rubicón es un color con identidad propia, las palomitas con pimienta son tan santanderinas como las rabas porque Santander son muchas cosas.

Imposible entender la calle del Sol sin su influjo y el de Moncho, en cuyas cabezas había tanta que aportar que lograron que la calle girara en torno a la cultura, aunque por ahí también parece que se ha puesto el sol.

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