El último favor: el PP de Santander ‘concede’ al General Dávila un día más para que pueda celebrar el aniversario de Franco
El Ayuntamiento de Santander ha fijado para el 21 de noviembre la retirada de la placa y el cambio de nombre de la calle General Dávila, en cumplimiento de la Ley 20/2022 de Memoria Democrática que prohíbe que se ensalzan figuras de la dictadura militar –que es lo que supone poner nombre de calle o plaza a una persona–.
Es una decisión a la que se ha resistido durante años y a cuya concreción real llegó forzada por el ‘recordatorio’ por parte de la Fiscalía de Memoria Democrática de que tenía que cumplir la Ley.
Con todo, el PP ha seguido resistiéndose a la concreción definitiva de la obligación legal, derivándolo a las dificultades logísticas. Y así, pese a que el ‘recordatorio’ del Fiscal sobre la obligación de cumplir la Ley fue en marzo, no será hasta este mes de noviembre cuando se retiren dos de las placas que honran a las figuras más crueles, Fidel Dávila y Camilo Alonso Vega –el militar que diseñó los campos de concentración para presos republicanos y otros colectivos considerados enemigos de la dictadura fascista-, que dará paso a Pepe Hierro, poeta, premio Cervantes, encarcelado por el franquismo-.
Por ejemplo, la calle General Dávila no se retirará hasta el 21 de noviembre, según avanzaba en redes el colectivo de recuperación de la memoria colectiva cántabra Desmemoriados, que llamaba la atención precisamente sobre cómo los tiempos municipales permitirán que esta calle sigue llamándose así el 20-N, es decir, el día de la muerte de Franco. “Que fuera en vísperas habría sido para algunos contumaces resistentes al cambio dar demasiado de lleno en la diana”, apunta Desmemoriados.
Uno de los argumentos que más se repite para defender las calles que ensalzan figuras de la dictadura o el bando de la guerra que hizo posible su imposición es que son parte de la historia. Más allá de que la función de las calles no es exponer hechos históricos como un catálogo –nadie se imagina una calle a ETA, por ejemplo–, lo cierto es que la historia de Santander empezó, evidentemente, mucho antes de 1939 (las cuatro décadas de franquismo estarían, desde esa perspectiva, sobrerrepresentadas, con más de 40 calles, muy por encima de otros períodos históricos más largos). La zona conocida en las últimas décadas como General Dávila, por ejemplo, se llamaba antes en algunos de sus tramos, y todavía lo recuerdan los vecinos más mayores o aquellos a quienes se les traspasó ese legado, El Alta (el Paseo del Alta, nombre histórico que no volverá, ya que la nueva denominación es Paseo de Altamira).
EL RESPONSABLE DE LA INVASIÓN DE CANTABRIA
Fidel Dávila Arrondo asumió el mando del Ejército del Norte tras la muerte de Emilio Mola, y fue responsable de la ofensiva franquista que ocupó Cantabria en 1937, en el marco de la Guerra Civil (parádojicamente, la llegada de una dictadura militar fue presentada desde el franquismo como una liberación, ya que Santander fue leal a la República, y no como lo que fue, la conquista militar apoyada en potencias extranjeras, como Alemania e Italia). Desde ese cargo, lideró la ofensiva que causó miles de muertos y prisioneros republicanos, además de bombardeos sobre población civil.
El Ayuntamiento de Santander se negó hace un par de años a recordar, como había pedido la asociación Héroes de la República, con una placa esa matanza, en un Pleno en el que defendió la postura del PP la concejala Noemí Méndez –responsable de Educación– y que consagró una nueva desigualdad en memoria: la ciudad decidió no honrar a las víctimas del bombardeo mientras que la calle en la que se produjo homenajea a un destacado militar represor.
“Las víctimas de los bombardeos son nuestras victimas”: nada recuerda al Gernika de Cantabria
En ese Pleno, desde la extrema derecha se utilizó el argumento que emplearon los nazis en su momento: que fue un error fruto de la visión aérea y una confusión de objetivos –algo que dejaría en muy mal lugar la legendaria eficacia que siempre se les achaca–.No fue la primera vez que el régimen de Hitler negó sus actos: sin ir más lejos, trató de imputar el bombardeo en la población vasca de Gernika –otra vez bombas sobre población civil- al bando republicano. La diferencia estriba en que el de Gernika al menos ya no se reproduce en 2025 en ambientes políticos o académicos serios.
LA DESIGUALDAD DE LA MEMORIA… QUE HA PERPETUADO EL PP
Otro argumento que se emplea entre los defensores de los símbolos que honran la dictadura o que intentan al menos homenajear a sus víctimas –como las del Barrio Obrero- es el recordatorio de los sucesos del Alfonso Pérez, el barco con prisioneros hechos desde el gobierno republicano, que fueron muertos precisamente tras el bombardeo del Barrio Obrero.
El Alfonso Pérez tiene memoria: una calle en la ciudad, una placa a sus víctimas en la Catedral, muchísima memoria popular y ciudadana –fruto no sólo de la gravedad de los hechos, sino de lo que se amplificó durante las décadas desde un franquismo que imponía su voz en medios, escuelas y parroquias—y libros recordatorios –tan sólo hace dos meses se presentaba una reedición de uno de los más populares–.
A diferencia del franquismo, que causó muerte o prisión a quien no pensaba como ellos, lo del Alfonso Pérez no tiene defensor alguno.
Pero los defensores de la dictadura no se conformaron con imponer su memoria y reprimir la que no encajara, sino que consideran que cualquier mínimo recordatorio de sus partes negativas (es decir, la mayoría: muerte, censura, prisión y pobreza, mucha pobreza) es dividir a la ciudad –ese argumento lo sigue utilizando en 2025 la alcaldesa Gema Igual, a quien no imaginamos decirlo igual sobre los muertos del bando nacional–.
En cambio, se ha tardado décadas simplemente en que pudiera hablarse de hechos escondidos a la memoria colectiva santanderina sólo por el hecho de no no ser del bando ganador como la matanza en el Barrio Obrero, el Gernika santanderino, o el campo de concentración de La Magdalena –el primero de la España franquista, que será Lugar de Memoria, y cuyo simple recuerdo a la alcaldesa de Santander le parece que enfrenta a la población, estableciendo ella misma desde esa incomodidad confesa una continuidad entre su partido y el régimen franquista–.
«El campo de concentración de la Magdalena es algo muy trágico, muy tétrico y muy poco estudiado»
Cantabria fue la comunidad con más campos de concentración en proporción a su tamaño
UNA CALLE TAN LARGA COMO SUS CRÍMENES
La calle General Dávila es larga, larguísima, con más de 200 números –algo inusual en una ciudad del tamaño de Santander–, que enlazan desde las proximidades del Sardinero hasta las de Cazoña, y que recuerda el itinerario que hizo la entrada de sus tropas en la ciudad, mientras que las tropas italianas de Musolini (otro de los aliados de Franco) lo hicieron por el Sardinero (la Plaza de Italia se llama así en honor a los socios fascistas de Franco, y desplazó nombres de la historia de verdad como la Plaza del Pañuelo o a figuras referentes de verdad como Augusto González de Linares).
Fidel Dávila Arrondo (Barcelona, 1878 – Madrid, 1962) fue uno de los máximos responsables militares del franquismo y pieza central en la ocupación de la cornisa cantábrica durante la Guerra Civil española.
Tuvo una larga carrera en el Ejército, que incluyó su participación en las guerras de Cuba y Marruecos –el paso por África, con unas campañas marcadas por la crueldad, se considera desde la historiografía moderna como clave en la formación militar de mandos franquistas, y también en la ‘exportación’ de sus métodos a la llamada en su día Guerra de España–.
Se unió al golpe de Estado del 18 de julio de 1936 desde Burgos, participando en la creación de la Junta de Defensa Nacional que organizó la rebelión de militares contra el gobierno constitucional republicano.
Tras la muerte del general Emilio Mola –también tuvo nombre en la ciudad quien llamó a exterminar a cualquiera que no pensara como el régimen–, fue nombrado jefe del Ejército del Norte, desde donde dirigió la ofensiva franquista sobre el País Vasco, Cantabria y Asturias.
Bajo su mando se implantaron consejos de guerra sumarísimos, ejecuciones sin garantías, detenciones masivas y bombardeos sobre población civil (el bombardeo del Barrio Obrero no fue durante su mando, que asumiría más tarde).
Tras la imposición de la dictadura, ocupó cargos clave en el nuevo régimen: fue ministro del Ejército, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar y miembro del Consejo del Reino.
Participó en la organización de estructuras represivas de posguerra, como el sistema de trabajos forzados para presos políticos, que vinculan su mando a la utilización de prisioneros como mano de obra en condiciones de servidumbre (ejemplos en Cantabria, el túnel de La Engaña o el pantano del Ebro). En 1949, Franco le concedió el título de Marqués de Dávila, con grandeza de España añadida en 1951.
Ya fallecido, su nombre reapareció en 2008 cuando la Audiencia Nacional, en la causa 53/2008 instruida por el juez Baltasar Garzón, lo incluyó entre los 35 altos cargos del franquismo imputados por detenciones ilegales y desapariciones forzadas, considerados crímenes contra la humanidad.
El procedimiento fue archivado, no porque se considerara inocente a los imputados, sino por la muerte de todos ellos y por la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977, lo que impidió judicializar los hechos. En el auto judicial se reconocía la existencia de un plan sistemático de represión, exterminio y persecución política, en el que Dávila tuvo un papel destacado.
________________________________________
📢 Rompe el algoritmo y lucha contra el olvido: comparte esta información por redes o mensajería
🧱 Podemos hablar de memoria democrática gracias a apoyos como el tuyo.
Hazte socia o socio de EL FARADIO por solo 8 euros al mes