Piquío, Zaera, Las Llamas…El cierre de Pombo se suma a una cadena de espacios públicos clausurados en Santander por problemas estructurales y de mantenimiento
El cierre de la Plaza de Pombo y del aparcamiento subterráneo situado bajo ella, afectado por problemas estructurales, ha vuelto a poner el foco sobre el estado de conservación y mantenimiento de distintos espacios públicos de Santander, en una secuencia que en los últimos años ha dejado clausuras, vallados y restricciones de acceso en algunos de los puntos más emblemáticos y transitados de la ciudad.
Sin ir más lejos, esta semana se ha cerrado al paso parte del entorno del Hotel Ignacia, en pleno centro, junto al Mercado del Este, después de que cayeran cascotes del edificio, abandonado desde hace años pese a que una empresa tuvo un proyecto para hacer una residencia del que acabó desistiendo por la lentitud municipal a la hora de gestionar los permisos y trámites.
El Ayuntamiento de Santander ordenó la semana pasada el cierre completo del parking de Pombo tras detectarse “afecciones” y grietas estructurales en más zonas de las inicialmente previstas. La medida afecta también a la superficie de la plaza, incluido el entorno del tiovivo, mientras se realizan análisis integrales de la estructura y se define el alcance de las futuras obras. El aparcamiento, construido en 1988 y gestionado por la concesionaria Empark, dispone de unas 330 plazas, de las que 139 corresponden a residentes. Entre las hipótesis que manejan los técnicos figura también la sobrecarga derivada del metro de tierra existente sobre la cubierta del aparcamiento. Vecinos del Ensanche llevan años advirtiendo de la sobreocupación de la Plaza por todo tipo de eventos prácticamente cada mes, muchos de ellos que suponen paso de coches, furgonetas y camiones.
La situación de Pombo se suma ahora a otros espacios urbanos que permanecen cerrados o parcialmente inutilizados por problemas similares relacionados con el deterioro, el mantenimiento o retrasos en las actuaciones.
Uno de los casos más visibles es el de la Duna de Zaera, en el dique de Gamazo, construida con motivo del Mundial de Vela de 2014. El Ayuntamiento procedió a su cierre en febrero de 2025 “por precaución” ante el deterioro de varias zonas y la aparición de maderas levantadas y daños estructurales.
La instalación lleva más de un año cerrada y ha permanecido inutilizada durante temporadas de alta afluencia turística como Semana Santa o el verano. El deterioro del pavimento y los problemas derivados del ambiente marino obligaron finalmente a proyectar una rehabilitación integral.
El proyecto aprobado este año contempla una inversión cercana a los 924.000 euros y un plazo de ejecución de seis meses. La actuación sustituirá el actual pavimento sintético por piezas prefabricadas de hormigón compacto de alta resistencia, en una intervención diseñada por el arquitecto Nacho Villamor. Cerca de 700.000 euros del presupuesto se destinarán únicamente a los trabajos de pavimentación e impermeabilización.
Duna de Zaera: la baja que permitió aliviar a la Federación de Vela de los gastos del Mundial
También siguen acumulando retrasos las obras de los Jardines de Piquío, uno de los espacios más simbólicos del Sardinero y un punto estratégico desde el punto de vista turístico y paisajístico. La actuación, planteada como una reforma integral del entorno, ha supuesto el cierre prolongado de la zona y distintas modificaciones de plazos, en medio de críticas vecinales y del impacto sobre el paseo marítimo y la actividad hostelera de la zona.
A ello se suma la situación de parte del Parque de Las Llamas, donde distintas áreas han tenido que ser cerradas o limitadas temporalmente por problemas vinculados al estado de las infraestructuras y de los elementos urbanos.
Los distintos cierres han ido generando una imagen repetida en Santander –mucho más a raíz de la tragedia de El Bocal: vallados, perímetros clausurados y equipamientos públicos pendientes de reparación o rehabilitación durante largos periodos de tiempo.
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