«Salvar Oyambre surgió como consecuencia de una amenaza de privatización, de transformación, de urbanización brutal»
La plataforma Salvar Oyambre ha advertido del avance de un modelo turístico y urbanístico que, a su juicio, amenaza la conservación de uno de los espacios naturales más valiosos de Cantabria. En una conversación con EL FARADIO, el activista Jesús García Díaz y el escritor y divulgador ambiental Juan Carlos Arbex denuncian décadas de “desatención” administrativa y alertan de que el actual escenario normativo y político está favoreciendo una progresiva degradación del litoral protegido.
Ambos sitúan el origen de la plataforma en las movilizaciones de los años ochenta contra proyectos de puerto deportivo, urbanizaciones y complejos turísticos previstos en la zona de Oyambre. Aquellas protestas, recuerdan, fueron también uno de los gérmenes del movimiento ecologista cántabro. “Se pretendía convertir un enclave excepcional en un mercado absoluto para la explotación turística”, resume Jesús García Díaz, quien considera que esa presión no sólo no ha desaparecido, sino que se ha intensificado con el auge de la “turistificación” en Cantabria.
Para los integrantes de la plataforma, el problema no es únicamente urbanístico, sino también institucional. Denuncian que el Parque Natural de Oyambre arrastra décadas sin herramientas efectivas de gestión y protección ambiental. En este sentido, recuerdan que el espacio forma parte de la Red Natura 2000 de la Unión Europea y cuenta con figuras como el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) o la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), pero sostienen que muchas de las obligaciones derivadas de esas declaraciones nunca se han desarrollado plenamente.
Juan Carlos Arbex critica especialmente la ausencia durante años del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), un documento obligatorio para ordenar y proteger el espacio natural. “Es un parque de juguete”, llega a afirmar, al considerar que la falta de regulación efectiva ha permitido dejar el territorio “a merced” de intereses urbanísticos y turísticos.
Uno de los principales focos de preocupación es el deterioro de los humedales y dunas litorales, considerados hábitats prioritarios por la normativa europea. Arbex recuerda que las actuaciones realizadas durante décadas, como la construcción de diques o el desarrollo del campo de golf, alteraron gravemente la dinámica natural de las marismas y humedales. Aunque posteriormente se acometieron demoliciones parciales para recuperar estos ecosistemas, considera que los resultados han sido insuficientes.
Jesús García Díaz añade que la presión creciente de vehículos, aparcamientos y áreas de autocaravanas en zonas especialmente sensibles está acelerando la desaparición de flora dunar y alterando corredores naturales de agua esenciales para el equilibrio ecológico del sistema. “Estamos viendo cómo un paisaje todavía hermoso se va quedando sin vida”, lamenta.
Entre las especies afectadas mencionan aves migratorias como el chorlitejo patinegro, que utiliza las playas cántabras como lugar de descanso durante sus rutas migratorias entre el norte de Europa y el sur peninsular o el norte de África. Según explican, la presencia masiva de perros sueltos y la saturación turística dificultan la supervivencia de estas aves, incluidas en listas de especies amenazadas. La plataforma también alerta de la desaparición progresiva de especies marinas y fluviales que históricamente utilizaban estos humedales, como salmones, anguilas o lampreas.
Otro de los puntos que genera mayor preocupación es la reciente Ley de Simplificación Administrativa aprobada por el Gobierno de Cantabria. Jesús García Díaz sostiene que algunos cambios introducidos afectan específicamente a Oyambre y rebajan las limitaciones existentes sobre usos del suelo en áreas especialmente frágiles. A su juicio, la nueva normativa facilita la implantación de infraestructuras turísticas en primera línea litoral y favorece un modelo de ocupación intensiva del territorio. “Se está concibiendo el suelo protegido como un producto del que sacar rentabilidad”, denuncia.
La plataforma considera especialmente preocupante la proliferación de campas y aparcamientos para autocaravanas junto al frente costero, dentro de espacios de alto valor ecológico. Frente a ello, recuerdan que existen otras zonas del parque menos sensibles ambientalmente donde podrían ubicarse este tipo de instalaciones sin afectar a hábitats protegidos.
“El territorio no es infinito”
Durante la conversación, ambos activistas insisten en que el deterioro ambiental no sólo afecta a la biodiversidad, sino también a la calidad de vida futura y al propio modelo económico de la región. Arbex advierte de que la sobreexplotación turística termina degradando precisamente el paisaje que atrae visitantes. “El mercado acaba destruyendo el producto”, resume.
También alertan de los efectos acumulativos sobre infraestructuras, abastecimiento de agua, saneamiento o erosión costera en un contexto marcado además por el cambio climático y la subida del nivel del mar. En este sentido, cuestionan el eslogan turístico institucional de Cantabria Infinita. “El territorio no es infinito, es pequeño y frágil”, señala Jesús García Díaz.
Para ambos, la defensa de Oyambre trasciende la conservación de un espacio concreto y tiene que ver con el modelo territorial y social de las próximas décadas. “No luchamos por nosotros, sino por las generaciones futuras”, sostiene Arbex, quien reivindica la necesidad de preservar estos ecosistemas para que puedan seguir siendo disfrutados por quienes vengan después.
De cara a los próximos meses, la plataforma Salvar Oyambre prepara nuevas actividades divulgativas para dar a conocer sobre el terreno los valores ecológicos del espacio y las amenazas que afronta. Entre las iniciativas previstas figuran rutas interpretativas y encuentros abiertos destinados a explicar tanto la riqueza natural del parque como los procesos de degradación detectados en los últimos años.
Además, no descartan nuevas movilizaciones sociales si consideran que se producen actuaciones especialmente lesivas para el entorno. “La respuesta social sigue siendo necesaria”, defienden.
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