«Los adolescentes sí leen; el reto es encontrar el libro que les enganche»
El reconocimiento a ‘Hija de la ira’, la primera novela de los escritores cántabros Ana Rojas y Pablo Escribano, con el premio Tuber Melanosporum del festival Morella Negra como la Trufa, celebrado en Morella (Castellón), ha coincidido con una reflexión que ambos hacen desde una doble condición: la de escritores y la de profesores de Lengua y Literatura.
Frente a la idea extendida de que la juventud cada vez lee menos, sostienen que la realidad que encuentran cada día en las aulas es bastante más compleja. «Los adolescentes sí leen», resume Ana Rojas en una entrevista concedida a EL FARADIO. Especialmente las chicas, explica, consumen literatura con frecuencia y además son lectoras exigentes. Para quienes todavía no han encontrado el hábito, considera que el thriller puede convertirse en una puerta de entrada a la literatura, gracias a historias capaces de mantener la intriga y provocar que el lector quiera pasar inmediatamente al siguiente capítulo.
Pablo Escribano coincide en que existe un prejuicio respecto a las nuevas generaciones. A su juicio, el problema no es tanto que no lean como encontrar las obras adecuadas para cada momento. Defiende además combinar los clásicos con otros lenguajes más cercanos al alumnado, como el cine, para facilitar el acceso a autores como Federico García Lorca o William Shakespeare sin renunciar a los textos originales.
Los dos recuerdan que la enseñanza también obliga a actualizar continuamente las referencias culturales. Si hace unos años el fenómeno era Harry Potter, ahora observan un auge de la novela romántica, la fantasía o la mezcla de ambos géneros entre el público adolescente.
Además de leer, aseguran que muchos jóvenes también escriben. Como ejemplo, relatan la participación reciente de decenas de estudiantes en un taller de slam poetry, donde comprobaron que la escritura continúa siendo una herramienta de expresión con gran aceptación entre el alumnado. Precisamente consideran que publicar novelas les permite ejercer la docencia desde el ejemplo. Explican que transmitir el interés por la literatura resulta más coherente cuando ellos mismos dedican parte de su tiempo a escribir y construir historias.
La novela
‘Hija de la ira’ recibió el pasado febrero el premio Tuber Melanosporum, concedido por un club de lectura especializado que seleccionó la obra entre más de 80 primeras novelas de género negro. El reconocimiento llegó, sin embargo, después de un largo recorrido. Durante cerca de dos años enviaron el manuscrito a concursos y editoriales sin éxito. Cada respuesta negativa se convirtió en una nueva oportunidad para revisar la obra y mejorarla.
Cuando ya estaban valorando la autopublicación, recibieron la llamada del editor Leo Campos, responsable del sello N de Novela, del Grupo Planeta. El informe de lectura había destacado la calidad del manuscrito y la editorial decidió incorporarlo a su catálogo. Los autores creen que todas aquellas negativas terminaron jugando a su favor. Cada revisión hizo que la novela fuera ganando solidez hasta llegar prácticamente terminada a la editorial.
Aunque no es habitual encontrar novelas firmadas conjuntamente, Rojas y Escribano defienden que el trabajo en equipo ha sido una ventaja. Llevaban más de una década colaborando en proyectos educativos antes de dar el salto a la ficción. Su método consiste en diseñar conjuntamente toda la estructura de la novela, repartirse después los capítulos y revisarlos una y otra vez hasta el punto de no distinguir quién escribió originalmente cada fragmento.
Durante el proceso descubrieron también que cada uno aportaba fortalezas diferentes. Ana Rojas destaca especialmente en la construcción de diálogos, mientras que Pablo Escribano se siente más cómodo en la narración. La combinación de ambos estilos terminó formando una única voz literaria. Para los dos, la creación compartida rompe además con la imagen romántica del escritor aislado y demuestra que un equipo puede resultar más creativo cuando el proyecto se sitúa por encima de los egos individuales.
La novela tiene como protagonista a Oriana Zarcaui, una mujer que vive huyendo y cuya llegada a una pequeña localidad desencadena una trama en la que se mezclan persecuciones, investigación policial, narcotráfico y varios asesinatos. Los autores la definen como una obra que combina thriller, novela policiaca y novela negra sin responder estrictamente a ninguno de esos géneros.
Mientras continúan participando en presentaciones y encuentros con clubes de lectura, ya preparan una segunda novela. Mantendrán el thriller como territorio narrativo y esperan aprovechar el verano para avanzar en la escritura de un nuevo proyecto que volverán a desarrollar siguiendo el mismo proceso de trabajo compartido que les ha acompañado desde el principio.
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