«El mayor reconocimiento sigue siendo la gente que hace cola para probar nuestros helados»
La apuesta por el producto local, la elaboración artesanal y el cuidado de cada detalle son las señas de identidad de Helados de Luna, un proyecto que, apenas cuatro temporadas después de abrir su primera tienda en Somo y tres desde la inauguración de la de Castro Urdiales, ha conseguido consolidar una clientela fiel y recibir el reconocimiento de la Guía Repsol, que este verano le ha concedido uno de sus Soletes.
El reconocimiento ha llegado acompañado, además, de la recomendación de las actrices Leonor Watling e Irene Escolar, una noticia que Javier González de Soto, impulsor del proyecto, recibió como «un regalo inesperado», según dice en una entrevista concedida a EL FARADIO. Sin embargo, asegura que el mayor reconocimiento continúa siendo el de quienes hacen cola cada verano para probar sus helados.
«Descubrir el cariño de la gente hacia un producto que haces con todo el cariño también es una auténtica maravilla», explica, después de comprobar el impacto que ha tenido la distinción tanto entre clientes habituales como entre personas que se acercan a felicitarles por la calle.
Más allá de los reconocimientos, González de Soto insiste en que el objetivo nunca ha sido crecer a cualquier precio. Al contrario, defiende un modelo basado en la producción limitada y el control directo de todo el proceso de elaboración. «Nos complicamos la vida para obtener el máximo sabor», resume.
Esa filosofía se traduce en decisiones que, desde un punto de vista empresarial, no siempre son las más sencillas. En lugar de recurrir a materias primas industriales o semielaboradas, Helados de Luna trabaja con leche fresca de pasto, adquirida directamente a un ganadero de la zona, miel de pequeños productores cántabros o quesos elaborados en la comunidad autónoma.
También elaboran de forma artesanal buena parte de los ingredientes que incorporan después a los helados. Es el caso del gel de cítricos que acompaña a uno de sus helados de yogur, preparado con mandarina, limón y lima infusionada con hojas de lima kaffir, o del caramelo de maracuyá que forma parte de algunas de las novedades de este verano.
Incluso procesos aparentemente sencillos mantienen un tratamiento completamente manual. La galleta que acompaña al helado de tarta de queso, por ejemplo, sigue troceándose a mano.
Para González de Soto, esa forma de trabajar es incompatible con un crecimiento basado en la estandarización del producto. «No es nuestro modelo», afirma. «Crecer mucho más nos haría separarnos de esa calidad de la que estamos orgullosos y que ahora nos reconoce la gente».
En lugar de plantearse una expansión acelerada, Helados de Luna mantiene dos únicos establecimientos, en Somo y Castro Urdiales, mientras toda la producción continúa realizándose en el obrador de Somo, desde donde se abastecen ambas tiendas.
Según explica González de Soto, trabajar de esta forma supone mayores costes y una logística más compleja, ya que muchos de los ingredientes tienen menor vida útil o requieren una manipulación más cuidadosa. Sin embargo, considera que esa decisión forma parte de la identidad del proyecto.
La innovación constituye otro de los pilares de Helados de Luna. Cada temporada incorpora nuevas elaboraciones y revisa recetas ya existentes. Este verano destacan propuestas como un coco vegano con caramelo casero de maracuyá, una avellana vegana, una vainilla elaborada con anacardos o un chocolate vegano.
Especial protagonismo mantiene el helado ‘Te Quiero Rosina’, una creación dedicada a su mujer que cambia ligeramente cada temporada. Tras versiones anteriores con nueces pecanas o brownie artesanal, este año incorpora un toque de piñones. La intención es que quienes regresan cada verano encuentren siempre alguna novedad sin renunciar a los sabores que ya forman parte de la identidad de la casa.
Más allá de los helados, el proyecto mantiene también una vertiente cultural. Todos los lunes, a las 20:00 horas, la heladería de Somo organiza los ‘Lunes de cuento’, una iniciativa en la que cualquier persona puede narrar una historia y recibir un helado como agradecimiento por participar.
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