OPINIÓN

Circulación por el vial bajo el arco de Faro Santander

por Santiago Cava Diego
Tiempo de lectura: 3 min

Comenzábamos junio de 2018 con el anuncio por parte de Ana Patricia Botín del proyecto para reformar la sede social del Banco Santander y abrirlo a la ciudad.

Tres años más tarde en mayo de 2021 se iniciaban oficialmente las obras del edificio y se cortaba al tráfico «provisionalmente y mientras duren las obras» la circulación por debajo del arco y por la calle Ataulfo Argenta

Llegamos al 7 de septiembre de 2026, el mismo día de la inauguración de Faro, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Santander aprueba restringir el tráfico bajo el arco.

En todos los anuncios previos hasta ya bien entrada la primavera de este año se dijo que eso no sería así y que la línea 5c2 volvería a circular por la calle que aunque lleva el nombre del tatarabuelo de la actual presidenta del Banco toda la ciudad conocemos como del Martillo.

Así se dijo por parte de la alcaldesa cuando se procedió a retirar «provisionalmente» las marquesinas de las paradas de autobús de esta calle y de Santa Lucía.

Del mismo modo se contestaba por escrito a residentes preocupados hace poco más de un año desde el Tus.

En ese sentido se manifestaban desde los servicios municipales de ingeniería, vialidad y obras aún en abril de este año.

Y el caso es que nada ha cambiado. Desde el principio del proyecto el acceso al museo estaba previsto bajo el arco.

Entonces cabe preguntar sí esto se sabía y no solo se entendía compatible con la circulación sino que se afirmaba que no la afectaría. Por qué ahora se aducen motivos de seguridad para prohibir el paso de vehículos.

La verdad la sabe Gema Igual, pero con los antecedentes conocidos podemos sospechar que desde el primer momento se pensó en cortar el tráfico, pero también se temió una reacción ciudadana contraria y se optó por una política caciquil de hechos consumados que finalmente se ha topado con un concejal, Keruin Martinez, que no se ha dejado pisar y un juez que no se ha puesto una venda en los ojos.

Ahora casualmente en menos de una semana se han elaborado seis informes de los servicios municipales que justifican hacer lo que siempre se negó que ocurriría. El más jocoso y delirante, pero que me tranquiliza, es el de estadística que certifica que no hay ningún ser humano empadronado en el tramo de calle que discurre por debajo del arco.

Y en esas estamos con la resignación del anuncio de que el autobús municipal no va a volver a circular por ahí, esperamos que se recapacite y se permita al menos una circulación restringida a los vecinos, a quienes tienen un garaje, a taxis y a reparto de mercancías de los comercios de la zona. Y si realmente por seguridad se entiende que esto no es posible durante el horario de apertura del museo, que al menos lo sea cuando Faro permanece cerrado al público.

Asimismo, subsidiariamente y en aras de evitar atascos y de mejorar la seguridad se debería habilitar una zona donde los autobuses, taxis y particulares pudieran dejar y recoger, lo más cerca posible, a los visitantes del museo. Un debe que a día de hoy complica la accesibilidad en otros espacios como el Museo de Arte de Santander o el Palacio de Festivales de Cantabria

 

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