Los niños de la pandemia juegan ‘al Infectao’

Al igual que muchos de sus abuelos reconocen haber jugado 'al estraperlista' después de la Guerra Civil, los niños de hoy introducen en sus juegos la realidad en la que les ha tocado vivir.
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A lo largo de la historia, los niños han reproducido en sus juegos lo que veían en su entorno más cercano.

Ahora no está ya bien visto que las niñas jueguen a planchar, a lavar y a coser, como cantaban ‘Los Payasos de la Tele’ no hace tanto tiempo sin ningún tipo de crítica, pero lo cierto es que los roles se imitan desde la más tierna infancia. Niños jugando a los coches y al fútbol y niñas jugando a las mamás formaban parte del normalizado mundo infantil sin que a nadie le extrañara.

‘EL INFECTAO’

Luego están los juegos introducidos puntualmente, según la circunstancia histórica que a cada generación le toca vivir. Por eso, ahora los niños en los recreos juegan ‘al infectao’. En realidad el juego no es otra cosa que una variante actualizada del pilla pilla. Un niño es el infectao y tiene que tocar al resto que corre para evitar el contagio. Todo aquel al que consigue alcanzar, queda infectao, pasándose al bando de los que corren como lo hacen los virus por el aire para colarse en organismos ajenos y colonizarlos.

Por supuesto, a todo esto juegan con la mascarilla puesta, las manos desinfectadas y tocándose siempre en zonas cubiertas por la ropa, que los niños tienen muy interiorizadas las normas sanitarias impuestas y no pretenden que su infectao se convierta en nada que no sea un juego inocente.

Se lo contaba todo esto un niño a su abuela cuando ella le preguntaba qué es lo que hacen en el recreo ahora que sólo pueden relacionarse con los de su clase. La señora se mostraba sorprendida con lo que el niño le iba explicando. Sin embargo, hace unos meses, antes de que todo esto del Covid nos cambiase la vida, ella se reencontraba con una prima a la que hacía años que no veía y ambas recordaban historias vividas cuando eran niñas.

Ambas nacieron justo después de la guerra civil y recordaban que iban todos juntos a la escuela y cada uno llevaba un tronco bajo el brazo, para poder atizar la estufa que calentaba el espacio donde la maestra enseñaba en una clase con alumnos de todas las edades.

‘EL ESTRAPERLISTA’

Contaban entonces cómo uno de sus juegos favoritos era el del ‘estraperlista’. Los chavales se repartían en tres grupos. Unos eran los estraperlistas, que fingían vender artículos varios que ellos imaginaban en piedras que escondían como mejor podían; un segundo grupo lo formaban los aldeanos que querían comprar las mercancías y el tercer grupo eran los que simulaban ser los guardias civiles, los agentes de la autoridad que tenían que encontrar las piedras escondidas y desenmascarar a los estraperlistas, que, una vez encontrados, pasaban a ser guardias civiles en el nuevo juego.

De eso hace casi 80 años. Desde entonces, seguramente los niños han inventado mil juegos imitando lo que sucede en el mundo real, normalizando como solo ellos saben hacer, las circunstancias, no siempre favorables, del entorno en el que viven.

Queda por averiguar si en el infectao han introducido ya la novedad de la vacuna, que puede liberar a los ya tocados. Probablemente lo hayan hecho y, como son tan espabilados, seguro que para quedar libre del todo hacen falta las dos dosis.

La gran incógnita es saber a qué jugarán los nietos de estos niños de la pandemia para quienes el COVID será poco más que una batallita del abuelo.

 

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