VÍDEO

«La gastronomía es tremendamente política»

El periodista David Remartínez hace una crítica gastronómica –y política y social- de los restaurantes elegidos por el funcionario de Carreteras detenido y las empresas adjudicatarias en base a sus informes
Tiempo de lectura: 4 min

A David Remartínez, periodista asturiano que trabajó varios años en Cantabria, en EL DIARIO MONTAÑÉS, un gran disfrutón –y tomatero mayor de Bezana, junto a su compañero y amigo Pedro Vallín-, el mundo de la gastronomía y la comida le seduce por lo que supone de “comunión entre gentes”.

Y porque el acercamiento al comer habla de muchos casos: de la propia nutrición, de la historia, de las costumbres, según explicaba en EL FARADIO DE LA MAÑANA.

Por eso a Remartínez, autor de libros sobre el ‘gabinismo’ en Oviedo, los vampiros como icono pop o los ‘Culo veo, culo quiero’ y ‘La puta gastronomía’, le chirría tanto ese reduccionismo de la gastronomía al elitismo y a lo selecto.

El periodista, a quien leemos también en ocasiones en ‘El comidista’ de EL PAÍS, glosaba una especie de crítica gastronómica a la selección de restaurantes y productos que afloran en las conversaciones, divulgadas por EL FARADIO, del funcionario de Carreteras  Miguel Ángel Díez y las empresas que recibían adjudicaciones en base a los informes que emitía (RUCECAN, LA ENCINA/CANNOR,API MOVILIDAD).

«Quiero que me traten bien»: Guía gastronómica de la trama de Carreteras

“QUERÍA TODO LO ‘GÜENO’”

Lo primero que le llamaba la atención ere ese “quiero que me traten bien” –como si no fuera la tónica que se da por sistema en cualquier establecimiento de calidad– que buscaba cuando pedía alguna reserva: “después de tantos años y casos de corrupción, el aspirante a corrupto quiere que le agasajen” como a los demás.

De primeras, Remartínez incidía en que “no le podemos considerar un gourmet”, y no por la calidad de los establecimientos que elegía, tanto en Cantabria como fuera, sino por un auténtico gourmet aplica la búsqueda de la calidad a la propia alimentación de su casa, “y la comida de su casa la compraba en el Mercadona o El Corte Inglés”, mientras su mujer rebusca las ofertas de lechazo de “El Corte”.  “Lo primero que haces es dejar los supermercados e ir a los mercados y tiendas especializadas”, señala.

Otra cosa a la que apunta es a que en realidad el criterio (ese búsqueda del Can Celler, del Diverxo) en realidad “son los supertípicos” dentro de la élite, es decir, “él quiere ir a sitios caros”, no tiene “una hiperespecialización”, no es “nada original”, sino, al contrario, “muy mainstream”. Lo mismo sucede con su ginebra favorita (una mundana Seagrams que pide en el Premier, un elitista club gastronómico, no un restaurante como tal, que, por cierto, según recoge Tripadvisor, no admite a mujeres).

Además, está “constantemente atemorizado porque lo vean”, y en base a eso realiza selecciones de sitios, con disquisiciones sobre si se les ve más o menos en El Riojano o en El Cañadío (dos opciones que a Remartínez le encantan), “cuando en los dos está medio Santander”.

El jefe de Servicio de Carreteras, en definitiva, “quería pertenecer a un club de privilegiados”, y una vez dentro, “quería todo lo ‘güeno’, con g”.

LA VULGARIDAD DE LA CORRUPCIÓN

“No sabe mucho” (para su cumpleaños, pide un jamón),pero “ quiere que le den”, buscando asadores famosos por los percebes, en un comportamiento que Remartínez emparenta con “Esteso y Pajares”.

Más allá de caso, para Remartínez los principales ‘hits’ de la corrupción española “, las tarjetas Black, los EREs y la Gürtel , “desvelaron la vulgaridad” de determinadas élites. “Creemos que la gente rica, con mucho dinero, es sofisticada y extremadamente inteligente”, y no es así, apunta.

Sobre todo, ampliando el foco, esos  hablan de una “corrupción estructural” que va más allá del caso puntual, que si hay un funcionario corrupto es  ”porque la parte estructural de la corrupción administrativa no se termina de resolver nunca”.

LA GASTRONOMÍA ES «TREMENDAMENTE POLÍTICA»

Desde su perspectiva de la gastronomía como elemento de comunión entre gentes, de acercamiento a la historia o costumbres que supone, David Remartínez se duele especialmente porque se reduzca a la alta restauración, por el “elitismo obvio que genera modas, imitaciones” y otras características propias del sistema capitalista, quedando como un “estereotipo” de “algo reservado a las élites”, “dando codazos por una reserva exclusiva”.

Porque, en definitiva, “la comida habla de nosotros en todos los sentidos”, y más en este mundo, en el que se convierte en “una de las primeras militancias”, de modo que es “tremendamente política”. Hay política, desarrolla, en “decidir si vas a comer a Can Celler o no y gastas 300 euros por persona”, porque implica elegir “a quienes das tu dinero: si se lo das a Mercadona, a un pequeño productor, a una tienda de barrio para que sobreviva o si pides a Glovo”.

  • Este espacio es para opinar sobre las noticias y artículos de El Faradio, para comentar, enriquecer y aportar claves para su análisis.
  • No es un espacio para el insulto y la confrontación.
  • El espacio y el tiempo de nuestros lectores son limitados. Respetáis a todos si tratáis de ser concisos y directos.
  • No es el lugar desde donde difundir publicidad ni noticias. Si tienes una historia o rumor que quieras que contrastemos, contacta con el autor de las informaciones por Twitter o envíanos un correo a info@emmedios.com, y nosotros lo verificaremos para poder publicarlo.