La Fiscalía constata lo equivocado del falso dilema que quiso imponer el Puerto: bajan los accesos sin necesidad de concertinas

Sin necesidad de cuchillas en todo el perímetro, los accesos bajaron un 80%
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Lo recordamos porque estábamos ahí y porque se repitió incansable, insistentemente, con todas las vías al alcance de quien sostenían esa tesis: la única forma que tenía el Puerto de Santander de frenar los accesos irregulares de personas que intentaban emarcar rumbo a Reino Unido eran el sistema de cuchillas llamado concertinas.

Chirríaba por todos los motivos posibles: desde por el proclamado riesgo para la economía que se invocaban (un grupo de jóvenes extranjeros de paso, sin siquiera agua corriente, capaces de poner en jaque a uno de los motores de la comunidad, a la concatenación de apellidos engarzados) hasta el empeño en retorcer el lenguaje llamando polizones a quienes casi nunca conseguían hacer lo que hace un polizón, acceder al barco.

Que le chirriara a buena parte de la sociedad civil (Pasaje Seguro, Cáritas, Amnistía Internacional, la organización de ayuda a refugiados No Name Kitchen, Izquierda Unida, el PSOE y de manera muy intensa las Juventudes Socialistas de Santander), era normal, pero hasta la Guardia Civil arqueó las cejas, recordando que la presión de la seguridad ya había conseguido reducir la mayoría de los accesos.

Porque lo peor de todo aquel debate fue la sucesión de falsos dilemas, de obligarnos a elegir entre dos opciones, aunque una de ellas siempre cambiara a gusto del Puerto y de aquellos que replicaban su argumentario: primero sólo valían los muros, luego era el incremento de presencia policial y finalmente eran las cuchillas la única forma de contener los accesos irregulares, extendiéndose a todo el perímetro (no llegó a hacerse, si bien queda una parte de las que sí se instalaron).

Los falsos dilemas iban acompañados de una de las peores cosas de la política contemporánea (porque el Puerto optó por convertirse en un agente político, y no en el aséptico agente económico en que solía autopresentarse): los pronósticos erróneos. El Puerto se iba a ir a la ruina, Britanny Ferries nos iba a abandonar.

Los defensores de las tesis del Puerto se convirtieron en quienes más mancharon su imagen: “la casa de tócame Roque”, un “coladero” o un “campo de trabajo de las mafias” en el que “todo el mundo entraba como Pedro por su casa” fueron las expresiones que usaron en sedes institucionales representantes del Gobierno, la oposición o el Ayuntamiento de Santander, unos PP y PRC más coincidentes entre sí de lo que presentaron en campaña, o un PRC más coincidente con la extrema derecha de lo que luego quiso invocar en la investidura.

Siempre pareció dar igual la realidad: desde el hecho de que las concertinas no se emplearan ni en las fronteras como Ceuta con más presión migratoria que un puerto de provincias como Santander, hasta el hecho de que ningún otro puerto que conectara con Reino Unido las utilice., hasta los propios datos, Juan, los datos.

Y no sería por golpes de realidad que irían llegando: el propio Puerto presentaba constantemente datos históricos, llegaron nuevas líneas o barcos de Britanny Ferries e inversiones de gigantes como Boluda, se temió de verdad por su futuro con crisis reales como la de la guerra en Ucrania , el propio Puerto acabó recurriendo a tecnologías de vigilancia tan novedosas (ironía on) como los drones y los datos iban arrojando descensos y descensos.

Los últimos en constatarlo han sido la Fiscalía de Cantabria, que en su último informe anual, del que se han hecho eco EUROPA PRESS o EL DIARIO MONTAÑÉS, cuantifica como los accesos se redujeron casi un 80% el último año, al pasar de los 2.194 de 2021 a los 450  de 2022, años en los que no se contaba con las concertinas en todo el perímetro anunciadas como única posibilidad, confirmando que para este viaje no hacia falta tantas cuchillas.

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