El Santander, una “aspiradora institucional” de otros bancos “gracias a sus buenas relaciones con el poder”
A pocos metros, literalmente al otro lado de la acordonada Plaza de Pombo, de la Librería Gil en la que se presenta ‘Las élites que dominan España’ (Libros del KO), se encuentra la mítica oficina 1 del Banco Santander, antigua sede central del grupo financiero.
El edificio, con un imperial arco del triunfo, se encuentra en obras para acoger la colección de arte del grupo, para lo que se empeñaron en un mirador elevado y cubierto que llevó a ocupar el hueco del arco con escaleras porque, simplemente, no entraba todo.
La idea incumplía la normativa urbanística de Santander, ya que se encuentra en el Paseo Pereda, zona protegida por su valor artístico e histórico. Así que lo que se hizo fue cambiar… la norma.
Unos pocos metros enfrente, dándote de bruces con la Bahía, está el Centro Botín, otra infraestructura cultural levantada sobre un antiguo espacio portuario: el nuevo uso, obviamente no industrial, llevó a cambiar el plan del Puerto. Sin necesidad de Ley de Simplificación Administrativa, los trámites se sucedieron en cuestión de días. Poder en estado puro, con unas instituciones a las que sólo les corresponde decir que sí y firmar.
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Nada de esto coge de sorpresa, todo lo contrario, a Andrés Villena, licenciado en Comunicación, doctor en Sociología y profesor de Economía Aplicada, que lleva años estudiando quiénes conforman las redes de poder e influencia en España y ha plasmado ese trabajo en este libro, que rechazó publicar el grupo Planeta —uno de los grandes ejes del poder— y acabó editando Libros del KO, editorial fundada por santanderinos que sabe lo que es lidiar con temas de fondo e incluso con un histórico —y equivocado— secuestro judicial por ‘Fariña’.
El Banco Santander es, de hecho, uno de los protagonistas de ‘Las élites que dominan España’. En torno a él —no es el único— giraba la conversación entre el autor y EL FARADIO, medio que viene siguiendo la influencia de la entidad en su entorno más cercano.
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EL BANCO MEDIANO QUE CRECIÓ DURANTE EL FRANQUISMO
Villena se remite a su historia, la de “un banco mediano”, prácticamente una pequeña y mediana empresa familiar fundada en el XIX, que durante el franquismo fue “protegido” como “banco sistémico”.
Hay que enmarcar esta política en al menos dos motivos generales ligados a la banca: por un lado, “la aristocracia financiera aporta apoyo al golpe y luego a la restauración borbónica” —el apoyo de un banco es financiación—.
Y, por otro, el sector bancario en general contribuyó de forma importante a las grandes eléctricas y, en consecuencia, a la industria, en un momento en que la dictadura estaba aislada internacional y económicamente: “Esa autarquía, esa especie de resistencia al exterior, se materializó en una red clientelar de la que las grandes entidades fueron las principales beneficiadas”, explica Andrés Villena. Se conformó un oligopolio —un mercado controlado por unos pocos que imponen una falta de competencia real— en el que “los grandes representantes de la banca controlaban la regulación de la propia banca en organismos estatales”.
De modo que “el poder estatal franquista estaba detrás de la banca para favorecer la industrialización” y el Santander pudo entregarse a una estrategia que es consustancial a su historia desde que se hizo con su gran rival en la ciudad, el Mercantil, mientras convertía la deuda en participaciones, es decir, en propiedad.
“LAS RELACIONES BANCA-ESTADO NO HAN CAMBIADO CON LA DEMOCRACIA”
“Con la democracia podríamos pensar que su llegada alteró esos equilibrios”, o incluso que fueran modificados con los gobiernos socialistas. No sólo no fue así, sino que esa etapa, la de Felipe González, supuso “el gran salto adelante” del Santander que, enfatiza el escritor e investigador, tuvo una gran “habilidad” para “no identificarse totalmente con el poder franquista”. Es decir, aunque en los años de la dictadura estaban ahí apoyando y favoreciéndose, no tuvieron el grado de implicación retórico y estético que sí mostraron los “mastodontes del franquismo”.

Junta del Santander, presidida por Ana Patricia Botín
El “salto adelante” del Santander se produjo en un momento de quiebras bancarias, con adjudicaciones en general de hasta medio centenar de bancos que iban siendo adjudicados a los supervivientes y grandes. Fue el caso de Banesto, “que cae por intervención del Banco de España y acaba adjudicado al Santander”, y donde se forjó como presidenta Ana Patricia Botín, ahora al frente del conglomerado global.
Todo fue a más: el Santander se “comió” al Central Hispano o al Popular, con adquisiciones o aparentes fusiones en las que acabó conservando el nombre —tras el efímero BSCH—. Siempre eran “peritas en dulce”: frente al discurso público de que se trataba de sacrificios por la estabilidad o compras ruinosas, Villena recuerda el apoyo público: “los agujeros de Banesto fueron tapados con fondos de garantía de depósitos”.
Así fue como el Santander se convirtió en “una auténtica aspiradora institucional de bancos”, “gracias a sus buenas relaciones con el poder, creciendo a grandes tamaños al ritmo de la política institucional”.
“El Santander no es un banco más grande que los demás; ha sido políticamente más hábil”, subraya Villena, que relata cómo se va consolidando una suerte de “bipartidismo bancario” —el otro gigante de esos años fue BBVA, que se quedó con Argentaria, banca pública privatizada— gracias a ayudas en forma de dinero, decisiones o regulaciones.
Describe además otra tendencia, consecuencia e imbricada con esa relación con el poder: el gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, que adjudicó Banesto al Banco Santander, acabó en su Consejo de Administración, mismo destino que grandes nombres del PP o PSOE, con figuras como la cántabra Isabel Tocino o Abel Matutes, ambos exministros del PP. “La relación con el Estado es un cordón umbilical constante”, apunta, en una nómina de nombres y relaciones que Villena tiene muy estudiada y que va más allá de lo estrictamente político: Villar Mir (OHL), Javier Monzón (Indra y Prisa)… En definitiva, “el régimen concentrado”.
DE LA BURBUJA AL RESCATE Y LA CRISIS DE VIVIENDA
En definitiva, “las relaciones banca-Estado no han cambiado con la democracia”. El propio Zapatero —cuya última decisión fue el indulto al consejero delegado Alfredo Sáenz— esgrimió a Emilio Botín “casi como un ministro de Finanzas” como apoyo en la foto con la que trataba de defender la estabilidad de las finanzas españolas en medio de una crisis que también fue buena para la banca, con ayudas, la absorción de las cajas o la creación de la SAREB, de inspiración pública y gestión cercana a la privada, y que no fue otra cosa que un saneamiento de la banca al concentrar en un ente externo a ellos los activos de riesgo —los pisos construidos en la burbuja con créditos impagados— que se habían entregado a financiar en los años de las grúas. Todavía hoy el alto protagonismo bancario en la vivienda tiene consecuencias en los frenos a la bajada de precios.

Ocupación del Banco Santander (2013, plena crisis financiera)
Avanzamos y vemos un Santander con un discurso muy maleable, en el que se abanderan referencias que suenan modernas y hasta progresistas, como la Agenda 2030, el medio ambiente o el feminismo; en el que el impuesto a los beneficios de la banca aprobado por Pedro Sánchez genera una protesta “calculada como parte del intercambio banco-Estado”; y en el que el banco esquiva la mala imagen del sector por sus malas prácticas —el banco no tuvo preferentes, pero sí los Valores Santander— a través de iniciativas más o menos educativas como Universia. “Hay una política de imagen muy fuerte: haces cosas y parece que estás dejando dinero. El trabajo de las fundaciones desarrolla imagen”, en una inversión “eficiente” para que se deje de apuntar al constante flujo de beneficios.
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