“Ahora nos encontramos movimientos organizados que identifican al colectivo como un enemigo”
El divulgador científico cántabro Ricardo Moure será este año el pregonero del Orgullo en Santander. La noticia le llegó de manera inesperada, a través de un mensaje de WhatsApp mientras cenaba con amigos en Madrid. La respuesta fue inmediata. “¿Cómo voy a decir que no?”, recuerda sobre una propuesta que, admite, recibió con sorpresa y emoción.
Para Moure, el nombramiento tiene una dimensión personal que va más allá del reconocimiento público. Supone regresar a una ciudad de la que se marchó siendo joven y hacerlo desde una posición diferente. “Cuando te has ido pensando en cómo eras cuando te fuiste de la ciudad y cómo vuelves ahora, vuelves de otra forma, vuelves empoderado”, explica en una entrevista concedida a EL FARADIO.
El científico y divulgador en televisión sitúa además ese regreso en una experiencia compartida por muchas personas LGTBIQ+ de Cantabria. A su juicio, Santander ha sido durante décadas una ciudad poco acogedora con quienes se salían de la norma. “No ha sido nunca muy acogedora con la comunidad LGTBIQ+, pero tampoco con la gente que era un poco diferente”, afirma.
En este sentido, considera que una parte importante del cambio social vivido en los últimos años tiene que ver con quienes decidieron quedarse. “Son quienes han creado comunidad, quienes han creado estructura de lucha, asociacionismo, y quienes han hecho que Santander haya cambiado”, señala.
Aunque cree que todavía quedan retos pendientes, sí aprecia una transformación visible. “Los que volvemos en vacaciones o fines de semana vemos que Santander ha cambiado mucho”, sostiene, atribuyendo esa evolución al trabajo colectivo desarrollado durante años.
Moure también reflexiona sobre una percepción habitual en Cantabria: la sensación de que determinadas transformaciones sociales llegan más tarde que en otros territorios. Desde su experiencia, considera que los avances en materia de diversidad sexual y de género tardaron en hacerse visibles, aunque después se aceleraron de forma notable.
“Siempre llega todo un poquito más tarde”, resume. Una circunstancia que relaciona con el carácter tradicionalmente conservador de la capital cántabra.
Preguntado por el contenido del pregón que pronunciará el sábado en la Plaza Alfonso XIII, reconoce que todavía está trabajando en el texto. Sin embargo, adelanta algunas de las ideas que quiere desarrollar. Entre ellas, la experiencia de quienes se marcharon de la ciudad, el reconocimiento a quienes permanecieron en ella impulsando cambios y la evolución social experimentada en las últimas décadas.
Pero también quiere abordar una cuestión que considera especialmente preocupante: el auge de discursos políticos y sociales que sitúan al colectivo LGTBIQ+ como una amenaza. Según explica, durante décadas gran parte del trabajo del movimiento consistió en visibilizar realidades hasta entonces ocultas y en fomentar el conocimiento mutuo. “Muchas personas descubrieron que una persona LGTBIQ+ era alguien de su familia, un compañero de trabajo o un vecino”, apunta.
Sin embargo, considera que el contexto actual es diferente. “Ahora nos encontramos movimientos organizados que identifican al colectivo como un enemigo”, advierte. A su juicio, determinados discursos presentan a las personas LGTBIQ+ como responsables de supuestos procesos de adoctrinamiento o de una amenaza para determinados valores sociales. Para Moure, ese señalamiento tiene consecuencias. “Cuando dices a la gente que un colectivo quiere pervertir a tus hijos o destruir tu forma de vida, estás incitando al odio”, sostiene.
Durante la entrevista también reflexiona sobre la evolución de los llamados “chascarrillos” homófobos o machistas que durante años formaron parte de la normalidad cotidiana. A su juicio, la diferencia actual no es que ya no puedan hacerse determinados comentarios, sino que ahora existen más personas dispuestas a responder. “Antes nadie se atrevía a decir nada. Ahora la gente contesta”, explica. Por eso rechaza el argumento de quienes sostienen que ya no existe libertad para expresarse. “Lo que ocurre es que ahora tienes que asumir que alguien te responda”, resume.
En el ámbito profesional asegura no haber sufrido situaciones graves de discriminación, aunque sí reconoce haber encontrado episodios de homofobia en redes sociales. Especialmente cuando sus contenidos alcanzan públicos más amplios fuera de los círculos habituales de divulgación científica.
Relata que ha recibido insultos homófobos directos y denuncia la falta de respuesta de algunas plataformas digitales ante comentarios que considera claramente discriminatorios. También alerta de la presencia de mensajes racistas y de odio que, según afirma, continúan circulando con escaso control.
Pese a ello, evita dramatizar el impacto personal de estos ataques. Considera que una parte importante de esos mensajes procede de usuarios que buscan confrontación o incluso de cuentas automatizadas. “No me afecta”, afirma, aunque insiste en la necesidad de vigilar el papel que desempeñan determinados discursos en la construcción de la opinión pública.
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