Piquío encara su reapertura tras encarecerse un 92% y quedarse fuera de los Baños de Ola
Las obras de reforma de los Jardines de Piquío afrontan su recta final con una nueva cifra económica sobre la mesa: el Ayuntamiento de Santander ha aprobado el proyecto modificado a la empresa Servicios y Obras del Norte, S.A. (Senor), por 2.612.300 euros. La actuación había sido adjudicada inicialmente por 1.360.128 euros, de modo que el coste se eleva en 1.252.172 euros, un 92,06% más respecto a la adjudicación inicial.
El encarecimiento también supera ampliamente el presupuesto de licitación, que era de 1.742.642,48 euros. En ese caso, la diferencia es de 869.657,52 euros, un 49,9% por encima de la cantidad con la que el Ayuntamiento sacó a contratación la renovación de uno de los espacios más reconocibles de El Sardinero.
El concejal de Fomento, Agustín Navarro, ha explicado que el objetivo municipal es abrir los jardines al público la próxima semana, una vez rematados los trabajos pendientes. Estos días se centran en culminar el asfaltado azul y su pulido, recuperar barandillas conforme al proyecto original, completar la jardinería y cerrar las últimas instalaciones de alumbrado y riego.
Según la versión municipal, los cambios responden a circunstancias detectadas durante la obra. El Ayuntamiento sostiene que se modificó el paquete de suelos al comprobarse que el terreno presentaba una sección diferente a la prevista y que las raíces de los árboles tenían un desarrollo horizontal mayor del esperado, lo que obligó a variar la solución constructiva del firme.
La reforma incorpora además la recuperación de la fuente Lavapiés, en la plataforma inferior en comunicación con el parque de Mesones, con una nueva acometida de agua, saneamiento y un sistema de recirculación. También se han añadido la rehabilitación del canto rodado, pavimentos y revestimientos, el traslado del quiosco de helados de la entrada –en teoría para respetar el diseño original, algo en lo que se ha caído ahora, al final de la obra, y no en su propio diseño– y nuevos detalles constructivos en el muro de mampostería de la avenida Castañeda, donde se ha optado por un refuerzo de hormigón armado.
El anuncio llega después de que los Jardines de Piquío no hayan llegado a los Baños de Ola de 2026. La programación oficial de la fiesta, celebrada del jueves dos al domingo cinco de julio, situó los Jardines de San Roque como ubicación principal, junto a la Primera Playa de El Sardinero y la Plaza de Italia. La propia inauguración municipal del dos de julio confirmó ese recorrido y no incluyó Piquío, pese a que días antes la alcaldesa, Gema Igual, había confiado en que pudiera estar listo para los Baños de Ola o, si no, para la semana siguiente.
El retraso se suma a una secuencia que ya había alejado la reapertura de varias fechas. La actuación se adjudicó en agosto de 2024 con nueve meses de plazo y comenzó en noviembre de ese año con la previsión de inaugurarse en julio de 2025, coincidiendo con el centenario de los jardines. Después se comunicaron ampliaciones y suspensiones: septiembre de 2025, la paralización hasta octubre por la temporada turística, marzo de 2026, antes de Semana Santa, el nueve de mayo, el nueve de junio y finales de junio.
La oposición ha situado la obra dentro de un debate más amplio sobre planificación y mantenimiento. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Santander ha denunciado “más de un año de retrasos” y ha vinculado la reforma con el traslado de los Baños de Ola por segundo año consecutivo a San Roque, fuera de un enclave asociado a la memoria balnearia de El Sardinero.
En ese contexto, Piquío aparece junto a otros espacios públicos cerrados, vallados o parcialmente inutilizados en Santander. El Faradio ha venido recogiendo el cierre de la Duna de Zaera, pendiente de recuperación tras los problemas de mantenimiento y deterioro de materiales; la clausura de la Plaza de Pombo y su aparcamiento por afecciones estructurales; y las limitaciones en zonas del Parque de Las Llamas. La imagen se repite en puntos céntricos, turísticos o de uso cotidiano, con obras, vallas y soluciones provisionales que condicionan el acceso ciudadano al espacio público.
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