¿Peatonalizar las calles? ¿Recuperar la memoria? No vayas al Ayuntamiento: pídeselo al banco

Faro Santander exhibirá una obra inédita de Leonora Carrington pintada durante su internamiento en la misma ciudad que durante décadas ha obviado su memoria. El mismo proyecto ha conseguido una semipeatonalización en el centro, que se suma a la larga lista de logros que ha conseguido el banco y no el Ayuntamiento: cambios en los usos portuarios o una proclamada apuesta por la cultura como discurso de la capital.
Tiempo de lectura: 8 min

Parece prácticamente un milagro: la pintora Leonora Carrington será objeto de una exposición de alto nivel en Santander, la ciudad que le debe un desagravio teniendo en cuenta que en ella sufrió algunos de los peores episodios de su vida, la tortura psiquiátrica en el sanatorio del Doctor Morales, en el que recaló tras sufrir una violación múltiple en Madrid a manos de una manada falangista.

Leonora Carrington ‘vuelve’ a la ciudad donde fue sometida a violencia psiquiátrica con Desde Abajo y  un cuadro inédito pintado durante su encierro

El sufrimiento y agravio —que influyó en toda su obra posterior— no es el único motivo que la ciudad podía encontrar para ‘arrimarse’ a la figura de esta artista, pionera del surrealismo y adelantada en casi un siglo a muchos de los temas de los que habla hoy el arte: el feminismo, la espiritualidad, las formas de religiosidad no católica, la salud mental o el antifascismo militante…

Madonna homenajeando a la obra de Leonora en la gala del MET de Nueva York

Bastaba con asomarse un poco a la prensa nacional e internacional —ni siquiera a la especializada en arte—: Leonora Carrington ha sido protagonista de subastas millonarias, objeto de una aclamada exposición monográfica en Madrid con la Fundación Mapfre, abanderada de muestras internacionales en París e icono pop, con obras de teatro escritas por dramaturgos de prestigio como Alberto Conejero, múltiples publicaciones literarias, referencias en ‘La habitación de al lado’, la película estadounidense de Almodóvar, o acaparando flashes en el evento global que es la gala del MET de Nueva York, en la que Madonna homenajeó expresamente con su atuendo a una de sus obras.

Es decir, aunque fuera por mero interés: pelear por una obra o conseguir una referencia urbana —una calle, una plaza, un nombre de colegio o instituto— situaría a la ciudad, de forma coherente, en un mapa global del arte en el que parece estar intentando ubicarse con proyectos como el Archivo Lafuente o las distintas iniciativas del Banco Santander. En los últimos años el reconocimiento se ha limitado a su inclusión dentro de la Ruta de los Ilustres, con una referencia nuevamente edulcorada en la web y una placa ubicada en lo que los santanderinos llaman el Parque de la Vaca y la oficialidad sigue denominando el Parque del Doctor Morales: el apellido que la hizo sufrir sigue teniendo más presencia.

No lo disputó, ni siquiera mínimamente, una ciudad que abiertamente habla de un discurso cultural —en realidad, turístico— como vertebrador de su política.

Es cierto que al PP local le puede causar una evidente incomodidad el mensaje antifascista y feminista de Leonora —hablamos del Ayuntamiento que no retiró las calles propagandísticas hasta que se lo advirtió un fiscal o que enarboló banderas antiabortistas en la fachada municipal mientras pedía perdón públicamente por las críticas feministas y mantuvo en su cargo a un asesor condenado por violencia de género—. Pero puede encontrar una autocoartada centrándose en el entusiasmo con el que acogen ahora a Leonora globalmente las élites internacionales del arte e incluso las finanzas.

No pudo ser, no cayeron, pero no pasa nada: será el Banco Santander el que haga historia en la ciudad, ya que en la inauguración de su Proyecto Faro, su colección de arte en la antigua oficina número 1, la del Paseo Pereda, podrá verse no solo su ‘Down Below’ (‘Desde abajo’, cuadro que evoca su paso por el sanatorio, llamado igual que sus memorias), sino que se rescata ‘Villa Pilar’, una obra inédita, pintada directamente allí y que durante todo este tiempo estuvo en manos de la familia Morales.

Es legítima la duda sobre qué hubiera pasado si alguien hubiera propuesto una calle a Leonora Carrington o lanzado la petición de alguna iniciativa cultural de recorrido o el intento por traer alguna de sus obras a la ciudad: por mucho que nos lo imaginemos, nunca sabremos la respuesta porque quien lo ha hecho es el Banco, al que ya sabemos que siempre tendrá como respuesta el sí que se le negaría a cualquier otra voz que planteara lo mismo.

Despejan los Jardines de Pereda de enseres de personas sin hogar antes de una visita de Ana Botín por la instalación de una placa a Emilio Botín

DE RECUPERAR A LEONORA A SEMIPEATONALIZAR CALLES

Obras Proyecto Faro Arco Banco Santander. Foto: Carlos Atienza

Y no es lo único que ha forzado el Proyecto Faro al Ayuntamiento, ya que ha conseguido otra cosa a la que el Consistorio se viene mostrando reacio y que, desde luego, no había anunciado ni, como confirman planes de movilidad, programas electorales o su falta de anuncios al respecto, tenía previsto.

Una nueva semipeatonalización en el centro, aunque fuera porque el empeño del Banco en tener un mirador cubierto sobre el edificio y unas escaleras a la vista le llevó a sacrificar el espacio bajo el icónico arco y, en consecuencia, a la renuncia al tráfico urbano y la peatonalización del entorno que, nuevamente pensamos que es legítimo dudar, le hubiera negado a colectivos vecinales, de movilidad o ecologistas simplemente porque no están presididos por el siguiente de la estirpe Botín.

UNA CIUDAD A MEDIDA

Para hacer ese proyecto, el Banco fue sumando proezas: una modificación a medida del Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico del Paseo Pereda —sus planes lo incumplían y, en lugar de cambiar los planes, se optó por cambiar el plan—, que se suma a la lista de cambios urbanísticos logrados por la entidad financiera global, de las escolleras de La Magdalena a un cambio de usos portuarios —el que hizo posible la instalación del Centro Botín, el proyecto cultural de la Fundación—.

Las otras veces que el urbanismo se ha adaptado a proyectos o necesidades del Banco Santander

Todo con una sucesión de trámites en cuestión de días, una simplificación administrativa que para entonces no era siquiera una idea de programa electoral —ahora es ley autonómica— y para la que no hay que rebuscar mucho a la hora de encontrar contrastes: la falta de respuesta administrativa al edificio que ardió en la calle Tetuán o al proyecto para una residencia en el Hotel Ignacia, muy cerquita del Proyecto Faro, otra zona cero de cascotes y cinta policial. Y eso que era una residencia privada, y seguramente no de las baratas.

UN DISCURSO CULTURAL INDUCIDO

Es el Banco, con estos dos proyectos —y el Archivo Lafuente, un proyecto privado que devino en estatal—, y no un político municipal, el que ha forzado que Santander haya convertido la apuesta por la cultura en un motor de su discurso de ciudad —25 años se cumplían hace poco de la inauguración del Guggenheim, aquí al lado—, que dice cultura y musita turismo.

Que el discurso es inducido y no propio lo evidencia el maltrato al MAS en las obras en las que se produjo el incendio y su indefinición gestora, las dificultades para la supervivencia de los centros que hacen cultura de base en plena ola turistificadora y de subida de alquileres —La Libre o Smolny—, la poca resistencia que se tuvo para sacrificar fondos para el FIS cuando se lo pidió Vox, la histórica suspicacia ante la mera existencia de la UIMP o, simple y llanamente, la entusiasta entrega a festejos y toros en la que se ve la verdadera apuesta de los eternos inquilinos del Ayuntamiento.

PIDÉSELO AL BANCO

Lo viene recordando desde hace tiempo Extinction Rebellion Cantabria, el colectivo juvenil cuya denuncia del impacto del cambio climático les ha llevado a mirar al Banco Santander y a elaborar materiales en una campaña en la que advierten del riesgo de confusión entre la ciudad y el banco (es Santander la que tiene que matizar que es la ciudad en sus documentos oficiales).

¿Quieres peatonalizar una calle? No pierdas demasiado tiempo defendiendo la reducción del tráfico, el derecho a la ciudad, la salud urbana o la recuperación del espacio público. ¿Quieres recuperar la memoria de Leonora Carrington? ¿Quieres ampliar el espacio de los Jardines de Pereda? ¿Soterrar el tráfico de acceso al centro urbano? ¿Convertir espacios portuarios en usos culturales? ¿Peatonalizar la calle Cádiz? ¿Que dejen de verse mujeres en contexto de prostitución en un parque en el centro de la ciudad? ¿Tener un festival de cine? ¿Y que suceda rápido, desde luego más que la licencia para la reforma de su local comercial? ¿Quiere que la ciudad se acompase al momento histórico en el que vive y asuma discursos como la cultura, e incluso el medio ambiente? No vayas a La Casona: pidéselo al Banco.

📰 En El Faradio contamos lo que pasa en Santander también cuando ocurre lejos de los focos oficiales:

🏛️ la cultura usada como marca,
🧠 la memoria que se edulcora,
🚧 y las decisiones urbanas que transforman la ciudad.

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